Al oír esto, Blanca se emocionó al instante. ¡El veinte por ciento de las acciones del Grupo Calderón valía una fortuna!
Lando y Ximena eran tan generosos porque, antes de venir, habían ensayado todos los escenarios posibles. Estaban preparados para soportar cualquier humillación por parte de Melibea.
También habían discutido hasta dónde estaban dispuestos a ceder si ella les ponía condiciones.
El veinte por ciento de las acciones del Grupo Calderón era su última carta.
Pensaron que sería una negociación difícil, pero no esperaban que Melibea aceptara irse con ellos sin pedir nada a cambio.
Por eso, no dudaron en poner su mejor oferta sobre la mesa.
Gabriel y Lázaro, que observaban desde la distancia, también se sorprendieron. El Grupo Calderón era una de las empresas más importantes de Encantia, y el veinte por ciento de sus acciones representaba una suma asombrosa.
«Ofrecer tanto de entrada demuestra lo mucho que valoran a su hijo», pensó Gabriel. «Pero, ¿será Melibea capaz de manejar una participación tan grande?».
—Melibea, si cree que no es suficiente, podemos añadir más. Si puede despertar a mi hijo, estamos dispuestos a darle todo el Grupo Calderón.
Para el matrimonio Calderón, en ese momento, nada más importaba. El dinero era solo un bien material.
Si su hijo no despertaba y su hija era condenada a muerte, su familia quedaría destrozada.
El Grupo Calderón, para ellos, no sería más que un montón de basura.
—Ustedes son los padres del paciente y han sufrido mucho durante este último año. Si puedo poner fin a su sufrimiento, yo también seré feliz.
A Melibea no le importaba en absoluto el veinte por ciento de las acciones del Grupo Calderón. Su único deseo era salvar a otra persona. Además, sentía que, si lograba salvar a Ismael, no solo estaría salvando una vida, sino tres.
Para ella, ese trato ya era más que justo.
Cuando Melibea estaba a punto de irse con ellos, Blanca intervino rápidamente:

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