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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 523

Salomón no se esperaba que Renán, después de disculparse, quisiera darle las flores a él. «¿Tan incómodo le resulta tenerlas?», se preguntó.

—Acepto tus disculpas, pero las flores no hacen falta. Soy un hombre, no las necesito.

En ese instante, la mirada de Renán se apagó.

—Mi mami no me perdona y tú tampoco. Pero yo me disculpé de verdad. ¿Por qué ni siquiera quieren aceptar mis flores? Aunque no me perdonen, podrían aceptarlas. Así al menos no me sentiría tan mal.

Al ver la expresión de lástima de Renán, Blanca se sintió inquieta. No quería presionar a Melibea para que perdonara al niño; al fin y al cabo, solo ella sabía cuánto daño le había hecho.

No tenía derecho a perdonar en su nombre ni a tomar decisiones por ella.

Blanca le lanzó una mirada a su hijo, indicándole que aceptara las flores. El pobre niño se veía tan desdichado sosteniéndolas.

Sin embargo, su hijo no pareció captar la indirecta.

Ignorado por todos, Renán se sintió aún más triste.

—De verdad quiero que mi mami y tú me perdonen, de verdad sé que me equivoqué. Mi maestra nos dijo que si hacemos algo mal y pedimos perdón, la otra persona dirá que no pasa nada. Pero ¿por qué ustedes no me perdonan? Sé que estuvo mal y prometo que no lo volveré a hacer. Si aun así no me perdonan, si sienten que soy una molestia, entonces no volveré a aparecer frente a ustedes nunca más.

Mientras hablaba, era evidente que Renán estaba muy triste; sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Se dio la vuelta para irse, y su pequeña espalda transmitía una profunda desolación.

A Melibea se le encogió el corazón al verlo. Era el hijo al que había adorado durante cinco años, e ignorarlo ahora le dolía más que a nadie.

Pero ya lo había dicho: si él elegía a Claudia y la rechazaba como madre, entonces ella lo rechazaría como hijo.

Salomón miró a Melibea. Aunque intentaba parecer fuerte, era obvio que estaba muy dolida.

Era el hijo que había llevado en su vientre durante diez meses, ¿cómo no iba a dolerle?

Con una mirada profunda, Salomón llamó:

—Espera, Renán.

Renán se detuvo. Melibea miró a Salomón, preguntándose qué iba a hacer.

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