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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 58

—Gracias, abuelo Evaristo.

—¿Y qué planes tienes para el futuro?

—Abuelo Evaristo, encontré un trabajo en una clínica. Quiero empezar una nueva vida.

—Tu habilidad para la medicina es excepcional. Trabajar en una clínica te permitirá ayudar a mucha gente. La familia Ortega te mantuvo atrapada por demasiado tiempo. El abuelo Evaristo está seguro de que de ahora en adelante te irá cada vez mejor. Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírmelo.

—Gracias, abuelo Evaristo.

—Meli, te trataron muy mal. ¿Por qué no me dejaste exigir la indemnización del contrato al Grupo Ortega? En su situación actual, eso los habría llevado a la quiebra.

Evaristo todavía lamentaba no haber podido arruinar a Brando.

La mirada de Melibea se perdió en sus recuerdos.

Hace cinco años, para pagar sus deudas de juego, su padre llegó a drogarla para venderla a un anciano. Esa noche, usando sus últimas fuerzas, pateó al hombre en la entrepierna y huyó. Fue Brando quien la encontró y la salvó.

De esa noche quedó embarazada de Reni. Cuando su padre se enteró del embarazo, volvió a golpearla. Fue entonces cuando Brando apareció y dijo que se casaría con ella.

Ella creyó que Brando era la luz que iluminaba su oscura vida, su salvación, pero descubrió que todo había sido una ilusión.

—Hace cinco años, él me salvó. No quise asestar el golpe final. Consideremos que estamos a mano.

Durante esos cinco años de matrimonio, ella se había esforzado tanto. Se esforzó por hacer que él la amara, por tener una familia feliz. Pero al final, fue en vano. Todo su esfuerzo fue en vano.

—Meli, aunque no lo digas, el abuelo siente que estás muy triste. Niña, si te guardas todo, te harás daño a ti misma.

Aunque Melibea no decía nada, sus ojos reflejaban su dolor.

Melibea se quedó pensativa. Lo que decía el abuelo Evaristo tenía sentido.

—Meli, estas son las propiedades que traje. ¿Por qué no eliges una, aunque sea a regañadientes? Me pesa un poco tener que llevármelas de vuelta.

Melibea miró confundida. ¿Qué había traído el abuelo Evaristo?

Entonces, Evaristo sacó una pila de títulos de propiedad, tan alta que parecía una pequeña montaña.

Era evidente que venía preparado.

—Meli, esta es una villa independiente con vista al mar, este es un penthouse con jardín en la azotea, y esta es una mansión en una zona exclusiva. Este otro es un departamento de lujo, muy bien ubicado en el centro de la ciudad, para que te sea cómodo ir de compras. Y esta villa está en un residencial donde viven muchas familias importantes, la seguridad es excelente. Para una mujer sola, la seguridad es lo más importante. Elige una, y de inmediato ordeno que la pongan a tu nombre.

Melibea se quedó boquiabierta. Cualquiera de esas propiedades valía millones. ¿Y él las ofrecía como si nada? Ni en el mercado te regalan el cilantro con tanta facilidad.

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