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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1

El Hotel Majestuoso estaba más animado que de costumbre; hoy, la familia Ortiz celebraba la fiesta de presentación de su hija menor, Cecilia Ortiz.

La hija menor de los Ortiz era hermosa desde niña, con calificaciones excelentes y talentos que presumir.

Justo cuando todos rodeaban a Cecilia para elogiarla, Héctor Ortiz entró acompañado de una joven de edad similar a la de la hija de la familia.

—Papá, mamá, Cecilia no es hija de los Ortiz. ¡No es más que una impostora!

—¡Delfi es la verdadera hija de nuestra familia!

Héctor empujó a Delfina Ortiz hacia el frente.

Un rostro casi idéntico al de la señora Ortiz quedó expuesto ante la mirada de todos.

El salón entero estalló en murmullos.

Arturo Ortiz e Ivana Váquez de Ortiz no podían creer lo que veían.

Justo cuando el señor Ortiz pensaba que su hijo estaba haciendo una broma de mal gusto, Héctor sacó dos pruebas de ADN.

Una era de Cecilia: no tenía ningún parentesco sanguíneo con la señora Ortiz ni con Héctor.

La otra era de Delfina. Aunque solo tenía el reporte de compatibilidad con la señora Ortiz, era suficiente para probar que ella era, en efecto, la hija de la familia.

—Como papá andaba de viaje de negocios, solo hice la prueba de Delfi con mamá.

—¡Pero Delfi es, sin duda, una Ortiz!

Al ver el reporte de ADN, el rostro de Arturo se ensombreció.

—¿Cómo es posible que Ceci no sea mi hija? ¿Quién cambió a mi bebé?

La señora Ortiz no soportó la impresión; apretando el papel en su mano, se desmayó ahí mismo.

El señor Ortiz cargó a su esposa en brazos y salió corriendo hacia la salida.

Héctor no los siguió; en su lugar, miró fríamente a Cecilia.

—¿Qué haces ahí parada? Vete a la casa a empacar tus cosas.

Cecilia no dijo una sola palabra en todo el rato. En silencio, siguió a Héctor de regreso.

Delfina también iba con ellos.

Los invitados se miraron unos a otros, desconcertados.

Comenzaron a discutir con gran interés el asunto de la hija falsa y la verdadera.

De vuelta en la residencia Ortiz, Héctor ordenó:

—María, Ana, suban con Cecilia a empacar.

—¡Que no se lleve nada valioso!

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