Carla parpadeó, sorprendida:
—Entonces ella...
—¡Shh! —Regina se puso el dedo índice sobre los labios—. Habla más bajo, no vaya a escucharnos.
—Aun así, por más movidas turbias que haya hecho, no puede haber fingido su puntaje en el examen de admisión, ¿o sí?
En el fondo, Carla seguía pensando que Cecilia era brillante.
Durante esos días de clases, todos habían notado que no importaba qué le preguntaran los profesores, ella siempre sabía la respuesta.
Era evidente que Cecilia era una alumna sobresaliente.
Pero bueno... ¡los chismes que contaba Regina también estaban buenísimos!
—No anden inventando cosas. ¿No vieron que todo lo de internet ya se aclaró? —les reclamó Teresa.
—Esa vez, Cecilia llamó a la policía y la verdadera heredera casi termina en la cárcel.
—¡Ah, cierto! Creo que de verdad logró que metieran preso a un compañero.
—Dicen que los papás del chavo se humillaron rogándole, pero no sirvió de nada.
Regina y Carla palidecieron.
—Solo estábamos platicando, ¡no es para tanto!
Las dos siempre habían pensado que la alumna estrella era inaccesible, pero al enterarse de que había mandado a alguien a la cárcel, le agarraron aún más desconfianza.
—Yo no sé bien qué pasó, pero mejor tengan cuidado con lo que dicen —les advirtió Teresa—.
—Además, yo no creo que Cecilia sea ese tipo de persona, ¡si hasta ya tiene novio!
Apenas soltó eso, Teresa se tapó la boca.
Regina y Carla se quedaron con los ojos muy abiertos.
—¿¡Cómo crees!? ¿Qué no se supone que Cecilia es una cerebrito? Se la pasa estudiando todo el día, ¿a qué hora va a tener tiempo para un novio?
Y aunque tuviera tiempo, ¡apenas iban entrando a la universidad!
Con el campamento de orientación de por medio, ¿cómo iba a conseguir pareja tan rápido?
—¿Cómo no va a tener tiempo? ¡Igual y es un amor de preparatoria! —sugirió Carla.
A Regina le parecía lógico; una chica tan guapa como Cecilia seguro tenía pretendientes desde hace tiempo.
Aunque no fuera ella la que anduviera detrás de los hombres, con esa cara podía traer a cualquiera babeando.
¿A qué hombre no le gustaban las mujeres hermosas?
Ahí estaba el ejemplo perfecto: Elías, el jefe de grupo.
¿Acaso no andaba detrás de ella todo el maldito día?

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