Lo único que valía la pena mencionar era aquella vez que Cecilia salvó a una persona usando unos cubiertos.
Ese asunto también era una espina clavada en el orgullo de Sabrina.
Si Cecilia era la protagonista de aquel suceso, ¿por qué no lo admitió desde un principio?
Tuvo que esperar a que ella misma dijera todas esas cosas ambiguas para recién enterarse de que la heroína era Cecilia.
Era increíble que una estudiante de primer año tuviera semejante habilidad.
Además de sorpresa, Sabrina sentía bastantes dudas al respecto.
Incluso compartía la misma opinión que Mauricio: sospechaba que Cecilia solo estaba usando el incidente para hacerse publicidad.
Solo que, como la chica no aprovechó la fama posterior, esas suposiciones nunca se confirmaron.
—Entonces debes ser mucho mejor que ella. —Wendy rodó los ojos—. Escuché que cuando Cecilia fue a participar en la competencia, salvó a Julia por accidente.
—Por eso Julia se lleva tan bien con ella.
Sabrina no estaba enterada de esa noticia.
«¡Con razón!», pensó.
Julia y Cecilia no parecían ser muy cercanas, pero se entendían de una manera extraña.
Había que tomar en cuenta que Julia solía ser muy fría y distante con los demás.
Venía del extranjero y de una familia muy adinerada; era la típica niña rica inalcanzable.
Muy pocas personas lograban agradarle.
Incluso en la Universidad de Viento Claro, donde todos eran unos prodigios, a los ojos de Julia no dejaban de ser gente común.
—Ah, con razón. ¿Y cómo fue que Cecilia salvó a Julia? ¿Fue cuando le dio el ataque al corazón?
En esos últimos días, Sabrina se había dado cuenta del verdadero poder de la familia Adams.
Obviamente, quería ganarse el favor de la pequeña princesa Julia.
A nadie le molestaba tener más contactos.
—No sé los detalles. El caso es que Cecilia estaba ahí justo cuando Julia tuvo la crisis.
—Toda la familia Adams está súper agradecida con Cecilia.
Wendy enfatizó a propósito a la familia que respaldaba a Julia, solo para que Sabrina entendiera que curar a la chica traería enormes beneficios.

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