—Claro que sí. —Sabrina ni siquiera preguntó a quién iba a llevar.
A fin de cuentas, a Sabrina no le importaba quién la acompañara.
¿Y qué si llevaba a la mismísima Cecilia?
Que alguien a quien no había invitado apareciera en su fiesta de cumpleaños solo demostraría su enorme poder de convocatoria, ¿o no?
De todos modos, Julia no tenía la más mínima intención de invitar a Cecilia.
Ella le había pedido a Sabrina que le presentara al doctor Hernández; si ahora metía a Cecilia, ¿qué iba a pensar Sabrina?
Había una regla no escrita: no hay que andar molestando a medio mundo con lo mismo.
Al menos tenía ese nivel de sentido común.
A quien realmente quería llevar era a su hermano, Luis.
Si Luis se enteraba de que conocería al doctor Hernández, volaría de inmediato hacia allá.
Sabía perfectamente que ella sola no iba a poder lidiar con todo.
¡Pero Luis sí podía!
A los ojos de Julia, ¡su hermano era invencible!
De inmediato, le compartió la excelente noticia a Luis.
Luis no lo dudó ni un segundo; tras confirmar la hora y la fecha, empezó a arreglar todo para su viaje.
Por otro lado, Cecilia seguía asistiendo a clases con total normalidad.
Al salir de la universidad se iba a comer o a platicar con sus compañeras de cuarto, viviendo una vida bastante tranquila.
A excepción del nuevo pretendiente que le había salido de la nada: ¡Noé Palacios!
Ese tipo la tenía realmente asqueada.
Era un güero desobligado y holgazán que se la pasaba montando guardia en la Universidad de Viento Claro para acosarla.
La primera vez que la interceptó en la puerta fue justo cuando Cecilia había quedado con Aurora para ir a comer unos guisos en un restaurante cercano.
Con el clima poniéndose más frío, ambas habían logrado coordinarse para comer juntas, cuando de pronto apareció el intruso. ¡Noé!
Cecilia jamás se imaginó toparse con alguien así.
Para colmo, el sujeto se acercó a saludarlas a las dos con el mayor descaro.
—¡Ceci, Aurora!
Dio semejante grito que ambas voltearon a verlo al mismo tiempo.

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