—Noé, ¿la tía Lourdes sabe que viniste a buscar a Ceci? —preguntó Aurora.
Ella sospechaba que el tipo había ido por cuenta propia.
Si la tía Lourdes lo hubiera sabido, de seguro se lo habría impedido.
Por Dios, ¿en serio creía que estaba a la altura de Ceci?
Antes de eso, Noé ya le había echado el ojo a ella misma, pero Aurora siempre se las había arreglado para esquivarlo y rechazarlo.
Quién iba a pensar que ahora intentaría aplicar la misma maña con Ceci.
Cuando escuchó que mencionaban a su tía, a Noé se le borró la sonrisa.
Y con mucha razón: Lourdes Palacios de Ortega se había opuesto rotundamente a que cortejara a Cecilia.
Hasta le había ordenado que dejara de molestarla.
Para él, su tía era una traidora que le daba la espalda a su propia sangre.
Le había pedido que le hiciera el paro con Aurora, y se negó.
Ahora quería que le echara la mano con Cecilia, y también se negaba. ¿Acaso las muchachas de la familia de su esposo valían tanto oro que el sobrino de su propia sangre no merecía a ninguna?
Lourdes creía que trataba muy bien a su familia de origen; jamás imaginó que para ellos todo lo que les daba siempre sería insuficiente.
Así era como se habían vuelto cada vez más ambiciosos, poco a poco.
En ese momento, toda la familia Palacios estaba resentida con Lourdes, convencidos de que ella no sacaba suficientes beneficios para los suyos.
Y el sobrino que tanto la había adorado de niño, ahora se había convertido en un perfecto malagradecido.
—¡Claro que lo sabe! —mintió Noé sin pestañear.
Aurora se quedó callada, pero Cecilia no le creyó ni una palabra. —Ah, ¿sí? Pues deja le marco para preguntarle.
Al decir eso, Cecilia notó perfectamente cómo Noé se tensaba; era obvio que la estaba choreando.
—Señor Palacios, le voy a pedir que se haga a un lado. Ya nos vamos a comer.
Le daba mucha flojera seguir discutiendo con él.
Solo esperaba que captara la indirecta y se largara.
Por un instante, Noé mostró su disgusto, pero enseguida forzó una sonrisa: —Oigan, ya que coincidimos, fue cosa del destino. ¿Qué les parece si yo las invito a comer?
—Me dijeron que hay un lugar de guisos por aquí cerca que está buenísimo. Ceci, tú eres de la provincia, ¿no?


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