Hasta a los médicos se les partía el corazón de verlo así.
De tantos descendientes que tenía la familia Calvo, solo uno de los bisnietos era un poco más brillante.
Sin embargo, a la edad de Fernando, proteger a su bisnieto hasta que creciera y lograra establecerse, pintaba para ser una misión imposible.
—¿De verdad es tan talentosa?
El doctor Blancas no se la creía.
Él atendía a muchísimos altos funcionarios en ese lugar.
También conocía a bastantes médicos reconocidos que habían sido convocados desde otros lados para dar sus diagnósticos, todos con habilidades únicas.
Pero que Teodoro elogiara a alguien de esa manera le parecía una verdadera exageración.
No tuvo más remedio que echarle un buen vistazo a Cecilia.
Era una chica preciosa, tanto que su belleza llamaba más la atención que sus habilidades.
Si Teodoro no le hubiera dicho que era doctora, habría jurado que era actriz o celebridad.
—Si es talentosa o no, lo verás en un momento.
El señor Teodoro no estaba de humor para bromear con el doctor Blancas.
—Primero la llevaré a la habitación del paciente.
Teodoro acompañó a Cecilia y llamó a la puerta de la habitación de cuidados intensivos.
Antes de que pudieran dar un paso adentro, alguien los detuvo.
—Doctor Hernández.
Era uno de los Calvo.
Un nieto del señor Fernando.
El doctor Hernández ni siquiera se acordaba de cómo se llamaba.
—¿Qué sucede?
Marcelo Calvo sabía perfectamente que el anciano no lo reconocía.
Sin molestarse en presentarse, preguntó con una sonrisa: —¿Y ella quién es?
Marcelo le había puesto el ojo encima a Cecilia de inmediato.
Una chica tan guapa como ella no se veía todos los días.
Si el doctor Hernández la había llevado, ¿acaso sería su nieta?
A Marcelo le brillaron los ojos.
Aún no estaba casado. Si lograba casarse con la nieta del señor Teodoro, jamás volvería a tener problemas en su familia.
—Es la doctora que traje para tratar a tu abuelo. Se apellida Ortiz.

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