Sabrina mencionó que Cecilia incluso había participado en la Olimpiada Internacional de Matemáticas y ganado la medalla de oro.
—Por lo visto, de verdad es increíble.
Al escuchar que su propia amiga también la elogiaba, Sabrina sintió un retortijón de envidia en el estómago.
Recordó cómo al inicio del semestre le había robado cámara a Cecilia solo para ganar visitas en sus redes.
Ella era algo famosilla en internet, y tras colgarse de la tendencia de «salvar a alguien con un tenedor y un cuchillo», sus seguidores se habían disparado.
Al enterarse de que la estudiante que realmente había salvado a esa persona con los cubiertos era Cecilia, Sabrina sintió una incomodidad inexplicable.
Si no la conociera, no pasaba nada, pero resulta que era su compañera de clases. Se sentía como si le hubiera robado el crédito.
Se veían las caras a cada rato. Cada vez que se topaba con Cecilia, una ola de vergüenza e incomodidad la invadía.
A tal grado que Cecilia le caía mal y, en el fondo, deseaba que desapareciera de su vista.
Pero entonces, ¿por qué demonios le había mandado una invitación?
Sabrina se lo atribuyó a su propia vanidad.
Su idea original era presumir su superioridad frente a Cecilia, pero nunca imaginó que esta la rechazaría en su cara.
Y sin dudarlo ni un segundo.
Obviamente, eso le cayó como patada en el estómago a Sabrina.
Fue por eso que permitió, en silencio, que Jorge esparciera esos chismes.
Sabrina también quería desahogar su coraje.
Pero ¡quién iba a pensar que Cecilia se aparecería en Villa La Luna Plateada el mismísimo día de su cumpleaños!
Sabrina de verdad creyó que se había arrepentido y que ella, con toda su magnanimidad, la dejaría pasar sin invitación.
Pero resultó que la tipa ni siquiera iba a su fiesta.
Quienes frecuentaban Villa La Luna Plateada solían ser personas de alto estatus.
Cecilia no era más que una niña rica de mentiras. Aparte de ella, ¿quién más la invitaría?
¿Acaso algún excompañero?
Pero, ¿que no había crecido en Villa Solana?

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