Valentín no se sintió ni un poco incómodo por haber sido ignorado. Al contrario, lo vio como un alivio.
Tomó su bandeja, la dejó en el área de lavado y salió de la cafetería sin mirar atrás.
Mariano no tardó en alcanzarlo.
—¡Oye, espérame! ¿Te enojaste porque te chapulineé a la profesora?
Valentín lo fulminó con la mirada. Si de verdad se la hubiera bajado, obviamente le habría molestado.
—Ni siquiera me interesaba, puedes quedártela —dijo, restándole importancia. Isabella no era para nada su tipo.
Conocía perfectamente a ese tipo de mujeres. Llevaban la arrogancia tatuada en el carácter.
Su posición privilegiada las hacía creer que bastaba con tronar los dedos para tener a cualquier hombre a sus pies.
—¡Tsk! Isabella es increíble, ¿sabías? Acaba de regresar de estudiar en el extranjero y la universidad la contrató de inmediato.
Mariano no paraba de echarle flores, pero Valentín seguía sin inmutarse.
—Es profesora de historia, ¿qué necesidad tenía de irse al extranjero para eso?
Enseñaba historia universal, pero a Valentín el tema lo tenía sin cuidado.
Mariano se quedó sin palabras, dándose cuenta de que su amigo tenía un buen punto.
Un historiador de verdad no iba a aprender más en el extranjero que lo que podría aprender consultando los archivos correctos.
Aunque, si su especialidad era la historia de otros países, supuso que tenía sentido; tampoco valía la pena darle tantas vueltas al asunto.
Aun así, quedaba claro que el prestigio de Isabella estaba un poquito inflado.
—Bueno, me invitó a su fiesta, ¿tú qué crees que deba ponerme el sábado? —preguntó Mariano, cambiando de tema—. ¿Algo formal o más casual?
El hombre ya estaba planeando su atuendo; de verdad estaba emocionado por ir al cumpleaños.
—¿Siquiera te dio la dirección? —Las palabras de Valentín cayeron como un balde de agua fría.
Mariano finalmente aterrizó en la realidad.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana