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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1158

Valentín no se sintió ni un poco incómodo por haber sido ignorado. Al contrario, lo vio como un alivio.

Tomó su bandeja, la dejó en el área de lavado y salió de la cafetería sin mirar atrás.

Mariano no tardó en alcanzarlo.

—¡Oye, espérame! ¿Te enojaste porque te chapulineé a la profesora?

Valentín lo fulminó con la mirada. Si de verdad se la hubiera bajado, obviamente le habría molestado.

—Ni siquiera me interesaba, puedes quedártela —dijo, restándole importancia. Isabella no era para nada su tipo.

Conocía perfectamente a ese tipo de mujeres. Llevaban la arrogancia tatuada en el carácter.

Su posición privilegiada las hacía creer que bastaba con tronar los dedos para tener a cualquier hombre a sus pies.

—¡Tsk! Isabella es increíble, ¿sabías? Acaba de regresar de estudiar en el extranjero y la universidad la contrató de inmediato.

Mariano no paraba de echarle flores, pero Valentín seguía sin inmutarse.

—Es profesora de historia, ¿qué necesidad tenía de irse al extranjero para eso?

Enseñaba historia universal, pero a Valentín el tema lo tenía sin cuidado.

Mariano se quedó sin palabras, dándose cuenta de que su amigo tenía un buen punto.

Un historiador de verdad no iba a aprender más en el extranjero que lo que podría aprender consultando los archivos correctos.

Aunque, si su especialidad era la historia de otros países, supuso que tenía sentido; tampoco valía la pena darle tantas vueltas al asunto.

Aun así, quedaba claro que el prestigio de Isabella estaba un poquito inflado.

—Bueno, me invitó a su fiesta, ¿tú qué crees que deba ponerme el sábado? —preguntó Mariano, cambiando de tema—. ¿Algo formal o más casual?

El hombre ya estaba planeando su atuendo; de verdad estaba emocionado por ir al cumpleaños.

—¿Siquiera te dio la dirección? —Las palabras de Valentín cayeron como un balde de agua fría.

Mariano finalmente aterrizó en la realidad.

Marcela aceptó encantada la invitación.

Ambas mujeres solteras aprovecharon el camino para platicar de los profesores disponibles en la universidad.

—Al principio yo ni loca me fijaba en los profesores de aquí. No solo son súper aburridos, sino que con ese sueldo no les alcanza ni para invitarnos a cenar.

—Pero admito que hay un par que sí valen la pena —añadió Marcela—. Por ejemplo, el que te mencioné el otro día, el profesor Ortega. Valentín.

—Es muy joven y ya es profesor titular, tiene un futuro brillante.

—Además, solo hace falta ver cómo se viste; seguro viene de muy buena familia.

A Isabella le brillaron los ojos.

—¿Segura que no tiene novia? Porque por ahí escuché que lo vieron subiendo a una de las alumnas a su coche.

Marcela negó con la cabeza, sorprendida.

—¡No manches! ¿Tú crees que ande con una alumna? No creo, últimamente están súper estrictos con eso de las relaciones entre maestros y estudiantes.

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