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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1530

Además, todos estaban agotados. Si encima tenían que cargarla, el esfuerzo extra sería abrumador.

Aunque tuvieran una resistencia excelente y reflejos superiores a los de una persona normal, mantener una vigilancia extrema para protegerla ya los tenía desgastados.

Un solo descuido podría ser fatal.

Cecilia rechazó la oferta y, apoyada en el brazo de Agustín, siguió avanzando.

Habían recorrido apenas la mitad del trayecto cuando vieron la luz roja en el cielo.

—¡La encontraron!

Esa fue la conclusión de todos.

Siguieron el rastro de marcas que Haroldo y su equipo habían dejado en los árboles.

Sin embargo, al llegar al lugar, no había rastro de Haroldo ni de sus hombres.

Solo encontraron a Nahuel, arrastrándose con su pierna lastimada, intentando huir desesperadamente.

—Nahuel, ¿qué sucedió?

Al verlo en ese estado, todos se quedaron paralizados.

—¿Ya llegaron? —Nahuel parecía sorprendido de verlos tan pronto.

—Nahuel, ¿dónde está Haroldo y los demás? —preguntó Cristhian, frunciendo el ceño.

—Ellos... cayeron a la poza. —El rostro de Nahuel reflejaba un profundo dolor.

El grupo intercambió miradas confundidas.

—¿Cómo que cayeron a la poza?

Había mucha gente con él. Era imposible que todos hubieran caído y solo él se salvara.

—Una manada de jabalíes enloquecidos nos emboscó de la nada. Mientras peleaban contra ellos, terminaron cayendo al agua —explicó Nahuel, angustiado.

—Yo no habría podido escapar, el Subcomandante Juárez me salvó.

Al recordar el sacrificio, Nahuel rompió en llanto.

—¡Si no hubiera sido por mí, el Subcomandante Juárez no habría caído!

Cristhian endureció el rostro.

—¡Llévanos rápido para sacarlos!

—¡De acuerdo! —Nahuel intentó avanzar cojeando.

Cristhian ordenó de inmediato a uno de sus hombres que lo cargara.

Todos se equiparon en segundos.

—¿Por qué Nahuel no está envenenado?

La pregunta de Cecilia fue directa al grano.

Nahuel respondió con una actitud humilde y honesta:

—Encontré una planta de Hierba del Ensueño en el camino. Supongo que, como comí un poco de su raíz, eso me sirvió de antídoto.

—Pero la verdad es que sigo un poco mareado. De lo contrario, no me habría dejado golpear por el jabalí, mis reflejos me fallaron.

La explicación de Nahuel tenía lógica y fundamentos.

Mientras hablaba, sacó un manojo de hierbas de su bolsillo.

—Señorita Ortiz, mire, ¿es esta la Hierba del Ensueño que busca?

Cristhian y los demás ya estaban planeando cómo sumergirse en la poza para buscar sobrevivientes.

Solo Nahuel y Cecilia seguían hablando, con Agustín escuchando en silencio a un lado.

—Sí, es la Hierba del Ensueño. —Cecilia asintió levemente, pero no estiró la mano para tomarla.

Nahuel se la ofreció con insistencia, invitándola a examinarla de cerca.

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