Igual, ellos se lo habían buscado por meterse con ella, no se le podía culpar por tener la mecha corta.
—Si ando agachando la cabeza, van a pensar que soy su pendeja y que pueden hacer conmigo lo que quieran —argumentó Cecilia con firmeza—. Prefiero hacer ruido para que le piensen dos veces antes de buscarme bronca.
Valentín asintió, dándole la razón.
—Es una táctica válida.
Cecilia había entrado a la universidad con el primer lugar nacional en el examen de admisión, y por si fuera poco, había rechazado la facultad de matemáticas para irse a la de medicina.
Ambas facultades la tenían bajo el microscopio. Aunque ella hubiera querido pasar desapercibida, la atención era inevitable.
—Estoy segura de que, si sigo estampándoles la comida en la cara, me voy a ahorrar muchísimos problemas —afirmó.
A Valentín no le pareció mal; mientras ella estuviera tranquila, estaba bien.
Sin embargo, al preguntarle más detalles y enterarse de que el origen de toda la revuelta tenía que ver con Agustín, su molestia se dirigió de inmediato hacia él.
—¿Agustín de verdad no puede ponerle un alto a su amiguita de la infancia? ¿Por qué no mejor cancelas el compromiso? Estás muy chica, todavía tienes toda la vida para conocer a un buen hombre.
Las admiradoras que Agustín atraía eran un verdadero dolor de cabeza.
Pero Cecilia se negó rotundamente.
—¿Por qué habría de hacerlo? Justo eso es lo que quieren, que yo rompa el compromiso para que ellas se queden con el premio. ¡Pues no les daré el gusto!
Valentín suspiró con resignación.
Él quería convencerla de deshacerse de ese peso, pero su prima parecía estar más enfocada en ganar la competencia.
—¿De verdad crees que Agustín vale tanto la pena?
Él no quería meterse en su vida amorosa. Si ella lo amaba sinceramente, no había ningún problema con que estuvieran juntos.
Su temor era que ella ni siquiera estuviera segura de sus sentimientos y simplemente estuviera aceptando el matrimonio por ser un acuerdo familiar.



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