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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1165

—Macarena, vengo con toda la buena intención a felicitarte, ¿y así me pagas?

Germán tenía el rostro tenso, pero seguía hablando con tono autoritario.

—¿Y cómo quieres que te pague?

—¡Lárguense los dos! ¡Hoy es mi cumpleaños y no tengo por qué aguantar sus caras!

Macarena los echó sin rodeos.

Germán jamás había tolerado que nadie lo humillara de esa forma.

Dio media vuelta y empezó a caminar hacia su auto.

Dejando a Gina sola y sin saber qué hacer.

—Maca, te lo prometo, solo venía a darte el abrazo. No tenía otra intención.

Gina levantó la bolsa de regalo que traía en las manos.

—Mira, hasta fui a la plaza con Germán a escogerte este detalle.

—Es una pulsera para la buena suerte en el amor. ¡Estoy segura de que te va a encantar!

¡Increíble! ¡Hasta con los regalos lanzaba veneno!

¿Acaso le estaba insinuando que a Macarena le iba tan mal en el amor que necesitaba magia para conseguir novio?

Cecilia miró de reojo a Macarena.

Si su amiga no le soltaba un golpe en ese mismo instante, es que se había vuelto una santa.

Y, efectivamente, a Macarena se le acabó la paciencia.

—¡A ti qué te importa mi vida amorosa!

—¡Lárgate tú también antes de que te rompa la cara!

Macarena le apuntó a Gina con el dedo.

Por supuesto que no la tocó, sabía que si le pegaba en público se metería en un problema.

Pero quién sabe cómo, de repente Gina tropezó sola y terminó tirada en el piso.

—¡Ay! —gritó la chica.

Germán, que ya se iba, volteó de inmediato al escuchar el grito y vio a Gina en el suelo.

—¡Gina! ¿Estás bien? —Germán regresó corriendo hacia ellas.

Se apresuró a ayudar a Gina a levantarse.

—¿Qué te pasa, Macarena? ¿Te volviste loca? Gina viene con la mejor intención y tú... ¡hasta la golpeas!

—¿Acaso en el fondo deseabas que yo la empujara para que pudieras jugar al héroe rescatándola?

La verdad es que Macarena no quería perder su tiempo peleando con idiotas.

Pero si Germán se ponía de pechito, ella no se iba a quedar callada.

Ese último comentario hizo que hasta Gina volteara a ver a Germán con duda.

Gina siempre había creído que, si Germán caía en todas sus trampitas, era porque ella era muy inteligente.

Pero si lo que decía Macarena era cierto, y Germán solo lo hacía para sentirse superior y protector... entonces la cosa cambiaba.

Germán miró a Gina instintivamente.

—Gina, no dejes que Macarena te meta ideas en la cabeza, solo dice puras estupideces.

—¡Como sé perfecto qué clase de persona es, me preocupaba que te hiciera algo!

Gina sintió un gran alivio; siempre se había jactado de poder manipular a los hombres a su antojo.

Si alguno se le salía del guion, entonces sí tendría motivos para preocuparse.

—Ay, ya cállate con eso de «qué clase de persona es». En la puerta hay cámaras de seguridad. Si no me creen, chequen las grabaciones y verán lo que pasó —los interrumpió Cecilia—.

—Aunque, viéndolo bien, para que la señorita Gina González se cayera con tanta naturalidad, me imagino que ha de tener muy mal equilibrio.

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