Si él se animara a tomar las riendas de la empresa, sin duda podría salvar a la familia Pérez.
Pero la realidad era que, en su momento, fue el segundo hijo —y no el papá de Tristán— quien heredó los negocios de la abuela.
Por esa misma razón, todos daban por hecho que Germán era el heredero oficial.
Seguramente, el propio Tristán pensaba igual, de lo contrario no habría decidido salir a emprender por su cuenta.
Ahora, aunque la familia Pérez quisiera rogarle que se hiciera cargo de todo, lo más probable es que él los mandara a volar.
A Macarena le parecía una lástima.
—Bueno, al final del día son sus decisiones. Yo, como su primo mayor, tampoco puedo meterme tanto en su vida —dijo Tristán.
—¿O a poco tú puedes controlar a tu prima?
Ambas familias estaban entusiasmadísimas con la idea del matrimonio entre los Pérez y los González.
Pero, ¿quién iba a imaginar que Germán se encargaría, él solito, de arruinar por completo la relación entre ambas partes?
Sin mencionar al abuelo González, era un hecho que los papás de Macarena estaban más que furiosos con Germán.
—Tienes razón, pero no me vas a negar que el que se portó pésimo en todo este asunto fue Germán.
—De hecho, hace rato estaba bromeando con mis amigas, diciéndoles que, como compensación, la familia Pérez debería entregarte a ti.
Al ver el rostro de Tristán tan cerca, Macarena soltó la frase sin pensar.
Pero en cuanto las palabras salieron de su boca, sintió que el alma se le caía a los pies.
Seguro que ahora Tristán le iba a poner la regañiza de su vida.
Cuando era niña y se iba de pinta con Germán, Tristán los había cachado y se aventó un sermón de dos horas seguidas.
En el fondo, le tenía pavor.
Y al mismo tiempo, se insultaba mentalmente: «¿En qué demonios estaba pensando para atreverme a fantasear con Tristán?».
¡Ni siquiera Gina se habría atrevido a apuntar tan alto!
Aunque, pensándolo bien, Gina sí se le había aventado a Agustín, ¿por qué no habría de hacerlo con Tristán?
—Pues... tampoco es tan mala idea —respondió Tristán, riendo ante una confesión que jamás imaginó escuchar.
Macarena se quedó pasmada.
Cecilia abrió los ojos de par en par.
«¡No manches! ¿De verdad mi pareja favorita se va a hacer realidad?», pensó.
—Ejem... este... Tristán, era pura broma.
«¿De verdad me conoce por los chismes de la escuela, o más bien porque sabe que soy la *roomie* de Macarena?».
Completamente ajena a la situación, Macarena preguntó entre risas: —¿A poco te enteraste de cuando Ceci le tiró la comida encima a una chava en la cafetería?
—Desde ese día, muchos le dicen "La Jefa de la Cafetería".
—Mhm —afirmó Tristán vagamente.
Cecilia sintió que esa historia quizás merecía un poco más de contexto.
Pero de lo que sí estaba segura era de que a Macarena le faltaba muchísima malicia.
Con razón en todos estos años nunca había podido ganarle una sola batalla a su prima.
Mientras tanto, en algún otro lugar, Gina estornudó dos veces seguidas. Estaba completamente segura de que Macarena andaba hablando mal de ella a sus espaldas.
«Seguro se muere de celos, ¿no?».
«¿Solo porque Germán prefirió quedarse conmigo en lugar de ir a su tonta fiesta de cumpleaños?».
¿No presumía Macarena ser la heredera oficial de la familia González?
Pero, ¿de qué le servía tener la misma sangre, si al final ella era la única que tenía el poder de tener a todos esos hombres comiendo de su mano cuando quisiera!

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