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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1175

Sin embargo, al recordar que Tristán había aceptado ir a cenar a la casa de Macarena, el rostro de Gina se llenó de coraje.

¿Por qué Tristán la trataba con tanta frialdad a ella, pero siempre era tan amable con Macarena?

Pero pronto, Gina se tranquilizó a sí misma.

Mientras lograra conquistar a Agustín, nadie se atrevería a volver a hacerle malas caras.

¿Qué importaba si no era hija biológica?

¿Acaso la familia González no terminaría lamiéndole las botas de todos modos en el futuro?

El único problema era esa noviecita de Agustín, era bastante complicada. ¿Qué podía hacer para que la tipa se rindiera por su cuenta?

Si hasta la compañera de cuarto de Macarena podía con los de clase alta, Gina sentía que ella también lo lograría sin problemas.

Seguro la otra ni siquiera se había mirado al espejo, de lo contrario, sabría que no le llegaba ni a los talones a Cecilia, ¿verdad?

En ese momento, Macarena no tenía tiempo para pensar en los berrinches de Gina.

Sus amigos se quedaron con ella para celebrar, le cantaron «Las Mañanitas», pidió su deseo y todos le hicieron el honor de comer una rebanada de pastel.

Incluso Tristán probó un pedazo pequeño.

El pastel de esta vez estaba buenísimo, dulce pero sin empalagar, con un betún muy ligero.

Cecilia también se comió su rebanada y admitió que el repostero de verdad sabía lo que hacía.

No solo se veía increíble, sino que sabía delicioso.

Tristán fue bastante prudente; en cuanto terminó su pastel, avisó que ya se iba.

Al fin y al cabo, era varios años mayor que todos esos chavos, y sentía que con él ahí, Macarena y los demás no podrían echar desmadre a gusto.

Así que prefirió irse a seguir trabajando.

Macarena lo acompañó a la salida y, al regresar, les comentó a Cecilia y a las demás:

—Tristán siempre anda a las prisas, trabaja hasta tarde todos los días.

—Quien se case con él, seguramente solo servirá para quedarse en casa cuidando todo —añadió.

—Después de todo, es un hombre enfocado cien por ciento en su carrera.

Macarena guardó un minuto de silencio mental por la futura esposa de Tristán.

Cecilia le lanzó una mirada llena de significado:

—¿O tal vez ahora se está partiendo el lomo para tener tiempo libre en el futuro y pasarlo con su esposa?

—¿O qué tal si, con todo lo que él trabaja, su esposa ya no tendrá que mover un solo dedo? —continuó—. ¿Solo tendría que dedicarse a disfrutar, ¿no crees?

Macarena lo pensó un segundo y admitió que Cecilia tenía un buen punto.

—Pues sí, su esposa va a ser bastante afortunada.

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