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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1195

—¡Te voy a matar, chamaco malagradecido! —Un anciano que se apoyaba en un bastón apareció de la nada.

Justo había escuchado lo que Tomás decía, y le lanzó un bastonazo directo al cuerpo.

Tomás se cubrió la cabeza lanzando alaridos de dolor, esquivando los golpes como podía.

—¡Abuelo! ¿Qué haces aquí? —gritaba mientras intentaba protegerse.

El anciano llevaba un viejo uniforme militar, decorado con medallas de servicio.

Movía el bastón con una fuerza y velocidad impresionantes.

Tomás nunca imaginó que su abuelo realmente iría a buscarlo por un asunto así.

Y mucho menos vestido de esa manera, golpeándolo e insultándolo al mismo tiempo.

—¡Conque te gustan las mujeres de Estrellonia! ¡Te voy a matar, escuincle baboso, antes de que te vuelvas un traidor a la patria!

Tomás huía despavorido.

—¡Abuelo, escúchame, déjame explicarte!

—¡No soy ningún traidor! Ya estamos en otra época, no puedes seguir mezclando el pasado con el presente.

—¡Chamaco insolente, todavía te atreves a rezongar! —El anciano no se dejaba engañar fácilmente.

—¿Te mandé a la universidad para que aprendieras a responderme de esa manera?

—Tú podrás olvidar lo que pasó, pero yo no. ¡Esa mujer es descendiente de los invasores, lo supe desde que la vi!

El anciano apuntó su bastón directamente hacia Charlotte.

Charlotte se sentía inocente, pero al mismo tiempo ofendida.

—Señor, aunque soy de Estrellonia, mis intenciones al hacer amigos en Mirasia son sinceras. Tomás solo me admira, no ha hecho nada malo, usted...

Charlotte intentó defender a Tomás.

Era cierto que se había ganado el afecto del chico, pero el abuelo de la familia Vera estaba furioso.

—¡Tú cállate! —En su juventud, el anciano abatía a sus enemigos de un solo tiro. Aunque ahora era viejo, su presencia seguía siendo imponente.

Miró a Charlotte con rabia.

—No quiero desquitarme contigo. Dices que eres inocente, pero por tus venas corre sangre de Estrellonia.

—Jamás permitiré que mi nieto se enamore de una estrelloniana.

—¡A menos que a partir de hoy renuncie a la familia Vera y se ponga tu apellido!

Creía que su abuelo entraría en razón al escucharlo.

Pensó que con su elocuencia lograría que bajara el bastón y aceptara Charlotte.

Pero no pudo ni terminar la frase antes de recibir otro golpe.

Esta vez, el anciano le dio un bastonazo directo en el trasero. Además del dolor, Tomás sintió una profunda humillación.

Se le olvidó por completo todo lo que iba a decir.

Ya era un universitario, ¡qué vergüenza que su abuelo le estuviera pegando en las nalgas en público! ¿Con qué cara iba a ver a los demás?

A Gonzalo no le importaba en absoluto la reputación de su nieto.

Solo sabía que si de verdad se enamoraba de una mujer de Estrellonia, dejaría de ser un Vera para convertirse en un espía enemigo.

Bastante compasión tenía con no haberle dado un tiro ahí mismo.

Las autoridades de la universidad llegaron corriendo al enterarse del escándalo.

Se apresuraron a intentar calmar al anciano.

Gonzalo llevaba sus medallas militares en el pecho; por ningún motivo podían permitir que muriera de un coraje provocado por su nieto en plena Universidad de Viento Claro.

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