Yolanda seguía sentada.
—Hermano, si no me dices ni me acuerdo. Ahorita que lo mencionas, sí me duele.
Víctor la miró con reproche.
—Parece que no te duele tanto si ya estás aquí platicando y ni siquiera fuiste a que te curaran.
—Es que con todo el relajo se me olvidó que estaba herida. Oye, ¿trajiste mi coche? ¿Le pasó algo?
—El coche está bien, dejé al chofer cuidándolo. Pero tú levántate ya, vamos a que te revisen esa herida. Eres niña, ¿no te da miedo que te quede cicatriz en la cara?
—Bah, por un ratito no pasa nada. Y si me va a quedar marca, me va a quedar igual aunque me cure ahorita.
Víctor no estaba para bromas. Levantó a su hermana del brazo y se la llevó a buscar un médico.
Yolanda quería seguir platicando con Cecilia, pero no le dieron chanza.
Raúl, que estaba terminando con la policía, vio la escena y se acercó a Cecilia.
—Ese es el hijo mayor de la familia Morales, Víctor —comentó Raúl.
Cecilia se sorprendió.
—¿Lo conoces, tío?

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