—Somos los papás de la niña.
La madre no lo dudó y se abalanzó hacia la pequeña. Le revisó el brazo y encontró una marca de nacimiento. En cuanto la vio, supo que era su hija.
—De verdad somos sus padres, tengo muchas fotos de los tres en mi celular.
Que estos padres hubieran perdido a su hija no sorprendía a nadie. Los policías tenían ganas de regañarlos. Se habían llevado a la niña a un parque de diversiones, pero los dos adultos se pusieron a jugar por su cuenta y le encargaron la niña a una tía. A los niños les gusta correr, y en un descuido de la tía, la niña desapareció.
—Mi hija se llama Karla, es muy buena niña. ¿Cómo está su carita? ¿Fue muy grave el accidente? —La madre ya estaba llorando.
La cara de su hija estaba envuelta en gasas, y al ver sangre en su ropa, el corazón se le partió. Al padre le pasó lo mismo. Cuando la perdieron tenía la cara redondita, y ahora solo se le veían los pómulos afilados y las heridas. ¡Qué miedo debió haber pasado!
—Las heridas de la cara no son críticas. Si quedan cicatrices, más adelante pueden recurrir a tratamientos estéticos. Aún no despierta, hay que llevarla a piso —dijo el médico, agotado. Tenía más heridos esperando.
—Está bien. —Los padres solo querían lo mejor para ella.
Al ver que se desvivían por la niña y que esta estaba a salvo, Cecilia se tranquilizó.
—Ya me puedo ir a dormir —le dijo a Yolanda.
Raúl dio un paso al frente: —Soy el tío de Cecilia. —Recibió la tarjeta y entregó la suya—. Puede contactarme a mí para cualquier cosa. Cecilia está en último año de prepa y está muy ocupada estudiando.
El padre de Karla entendió de inmediato. Por su parte, Víctor también recibió la tarjeta en nombre de su hermana. En teoría, Yolanda era adulta y podía decidir, pero los Morales siempre la habían sobreprotegido y Víctor la seguía tratando como a una niña.
Cecilia y Yolanda intercambiaron números y se fueron a casa. Cecilia ya había recuperado algo de energía y aprovechó para echarle carrilla a Raúl:
—Tío, tú y la tía de Yolanda, solteros los dos... ¿no será que se están esperando el uno al otro?
Raúl le lanzó una mirada fulminante: —No inventes historias. Que Gabriela no se case no tiene nada que ver conmigo. Ella es una hedonista; el matrimonio para ella es una atadura.

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