—A ver, ¿qué no decías que tenías un "hermanito" que conociste en la calle? No será que entre ustedes hay algo más, ¿verdad?
—Deberías tomar precauciones. Si te embarazas tan joven, ¿cómo vas a seguir estudiando?
El rostro de la chica se puso blanco como el papel.
—Tú... ¿cómo sabes?
Lo que ellas decían de Cecilia no eran más que chismes sin una sola prueba.
Pero ella era diferente. Llevaba días sintiéndose mal y este mes no le había bajado la regla.
¡Podría estar realmente embarazada!
De hecho, había estado aterrorizada estos días y planeaba ir al hospital el fin de semana para revisarse.
No se atrevía a ir a un hospital grande por miedo a que su familia se enterara.
Ahora que Cecilia lo decía, la primera reacción de la chica fue sentirse culpable.
No entendía cómo Cecilia se había enterado, pero no podía permitir que aquello saliera a la luz.
Cecilia la miró: —Qué confiada eres. Tienes dos meses y no has ido a quitártelo. ¿Piensas tenerlo?
—¡Mientes! ¡Cállate, Cecilia! ¡Si sigues inventando cosas, llamaré a la policía!
La chica recordó que la policía había buscado a Cecilia en la escuela anteriormente.
Sí, denunciaría a Cecilia por difamación. ¡Seguro que se asustaría!
—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?
¿Eso era todo?
Cecilia soltó una risita: —Eres muy gallita a mis espaldas y bien cobarde de frente, y aún te atreves a difamarme. Llama a la policía ahora mismo, a ver si lo que digo es verdad o no.
—En lugar de andar chismeando, mejor cuídate.
Cecilia terminó de hablar y se dispuso a irse. Maite García, por instinto, intentó jalonearla.
Cecilia la esquivó con un movimiento rápido.
—No me estés jaloneando. Con lo que traes encima no te conviene, y si te pasa algo, yo no me voy a hacer responsable.
Y ahora, ella misma se había metido en problemas por culpa de ese tipo.
Aunque lo del embarazo fuera falso, el asunto turbio con Iker era algo que ella misma había visto.
Incluso tenía fotos de Maite y Iker entrando y saliendo de un hotel.
Sin embargo, como ahora se llevaba bien con Maite y la familia de esta tenía dinero —del cual siempre le caía algo—, no tenía intención de decirlo.
Las otras chicas miraban a Maite con la misma curiosidad.
Con el chisme, a la hora de la verdad, la amistad importa poco.
Maite siempre había sido la líder del grupo, pero si le pasaba algo así, todas la despreciarían en el fondo.
—¿Cómo es posible? Está diciendo tonterías.
—Yo veo a Iker como a un hermano, ¿cómo voy a estar con él?
—¡Ustedes saben a quién quiero yo!
—Cecilia solo quiere arruinar mi repu... ¡Ugh! —De repente, Maite sintió náuseas y corrió hacia uno de los inodoros.

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