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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1864

En cambio, los atacantes perdieron a varios de sus hombres.

Tal vez solo eran matones a sueldo, pero quienquiera que los hubiera contratado debía estar furioso al ver que su plan había fracasado.

—Cecilia, tomaremos este caso con la máxima prioridad.

—Pero dime, ¿estás segura de que iban por ti? ¿Crees que fue el mismo grupo que intentó secuestrarte?

El Capitán Medina conocía todos los detalles del secuestro anterior. Si se trataba de la misma organización, la situación de Cecilia era mucho más crítica de lo que pensaba.

Esta vez, querían eliminarla.

La próxima vez, el ataque sería aún más despiadado.

Según tenía entendido, Cecilia era una genio en la facultad de medicina.

La empresa que manejaba junto a su primo había lanzado varios productos con excelentes reseñas en el mercado.

Entre ellos destacaban una crema cicatrizante, un humectante facial, y...

El Capitán Medina recordó los informes que llegaron desde Luminosa, además de las alabanzas de su amigo Cristhian Lara hacia la chica. Cecilia era capaz de crear un coagulante de primer nivel.

Su medicina no solo detenía las hemorragias en tiempo récord, sino que aceleraba el proceso de cicatrización de las heridas.

Alguien con esas habilidades era sin duda un recurso invaluable para el país.

Probablemente por eso los de Estrellonia intentaron llevársela: codiciaban su talento.

Habían desplegado un gran número de operativos la vez pasada y aun así fracasaron. Nadie sabía si el accidente de hoy era fruto de la desesperación o del rencor.

Si Cecilia hubiera estado sola en el auto, habría sido más fácil enfocar la investigación y dar con los culpables.

Pero el hecho de que Dora estuviera de copiloto complicaba las cosas.

Jonás Rivas tenía sus propios enemigos en el ámbito político. Además, sus recientes campañas anticorrupción seguramente habían pisado más de un callo importante.

Cuando Jonás Rivas se enteró del accidente de su hija, experimentó un terror genuino.

Se culpó a sí mismo por poner en riesgo a su pequeña y exigió que la policía no dejara ninguna piedra sin remover.

Un accidente de tráfico podía ser muchas cosas menos un simple "accidente". ¿Y si alguien intentó asesinar a su hija para mandarle un mensaje?

No, eso ya no sería un mensaje. Sería una venganza en toda regla.

El señor Rivas incluso estaba considerando contratar escoltas privados para su hija. Además, la llamó de inmediato para rogarle que no saliera del campus universitario.

Para él, la universidad era un entorno relativamente seguro; afuera, todo era incertidumbre.

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