Cualquiera que se separara del grupo en esa montaña estaba condenado. Ahora tenía sentido por qué desaparecía tanta gente en el Monte Nebuloso.
Haroldo Juárez sentía una punzada de dolor y vergüenza en el pecho; ya había decidido que al regresar se sometería a un riguroso castigo disciplinario.
Llevaba tantos años en el ejército y no había sido capaz de identificar a un maldito espía en sus narices. Era una humillación insoportable.
El comandante le dio un par de palmadas reconfortantes en el hombro.
—Haroldo, ya basta de torturarte. Lo hecho, hecho está.
—Nuestra máxima prioridad ahora es adentrarnos en la montaña y encontrar a los demás.
—Con los viajes que has hecho, ya debes conocer la ruta como la palma de tu mano.
Pero justo cuando Haroldo estaba a punto de ofrecerse como guía, el comandante se adelantó:
—Sin embargo, estás malherido. Mejor asigna a un par de tus hombres que estén en buenas condiciones para que nos guíen.
León y Lino dieron un paso al frente de inmediato.
—Nosotros recibimos algunos golpes, pero nada grave. Además, nuestro jefe y la señorita Ortiz siguen adentro. Tenemos que volver.
Ambos tenían la firme intención de regresar al infierno para rescatar a Agustín.
Pero Haroldo no dudó en pincharles el globo:
—El señor Sandoval fue muy claro: las órdenes para ustedes eran regresar y mantener el control del Grupo Novaterra.
—Además, les dio instrucciones específicas. ¿Acaso no planean cumplir con su última voluntad?
Agustín Sandoval había decidido quedarse para acompañar a Cecilia hasta el final, sabiendo perfectamente lo que eso implicaba.
La familia Sandoval aún contaba con Emilio; Agustín no era el único pilar.
Si había ordenado a León y a Lino que se marcharan, era precisamente porque no quería llevarse a dos hombres más a la tumba.
Quedaba claro que el bienestar de sus guardaespaldas le importaba.
Eran como de la familia, el vínculo que forjaron desde niños era inquebrantable.
León miró a Lino con seriedad.
—Tú te quedas. Yo regresaré a la montaña con el comandante.
Por supuesto, Lino no estaba dispuesto a aceptar eso.


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