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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1902

Gonzalo y Adara Blancas acababan de salir de la mansión de la familia Ortega y estaban de camino a casa.

Hubo un tiempo en que Adriana había logrado cautivar a Gonzalo, pero últimamente, con tanto trabajo, él la había hecho a un lado.

Quién iba a pensar que esa mocosa resultaría ser tan calculadora. No solo se había acostado con otro hombre y quedado embarazada, sino que había tenido el descaro de intentar culpar a Enzo Ortega.

Adriana solo veía los millones de los Ortega; no tenía ni idea de lo implacables y despiadados que podían llegar a ser.

Si de verdad intentaba extorsionar a esa familia, sus días de paz se habrían acabado para siempre.

Y lo más probable es que arrastrara a toda su familia con ella.

¡Que no se creyera que el dinero de los ricos era tan fácil de robar!

—Gonzalo, ¿viste las noticias en internet? —preguntó Adriana.

Gonzalo no esperaba que la chica fuera tan directa.

—Las vi. Qué buena jugada, resultaste ser toda una estratega.

—Pero hay algo que no sabes: soy el tío político de Enzo Ortega.

—Con tu jueguecito, casi me hundes.

—La familia Ortega llegó a pensar que yo estaba moviendo los hilos en secreto para quedarme con su fortuna.

Las palabras de Gonzalo eran una mezcla de verdad y exageración.

Los Ortega no habían llegado a esa conclusión, pero tanto él como Adara, por miedo a un malentendido, habían ido a la mansión a altas horas de la noche solo para dar explicaciones.

Incluso tuvieron que humillarse abriendo viejas heridas.

Y todo por culpa de Adriana Medina.

—Gonzalo, yo no quería... ¿puedes venir a verme esta noche?

—Quiero explicártelo en persona. El bebé es tuyo, te lo juro. Es solo que como tienes esposa y no quería destruir tu matrimonio, pensé que...

Adriana estaba aterrada de que su minita de oro la abandonara. Últimamente, este viejo rico ya no le prestaba atención.

Además, el hombre ya no rendía muy bien en la cama. Por más que Adriana se hubiera rebajado a estar con él, jamás planeó desperdiciar toda su juventud con un anciano.

Sin embargo, si el viejo estaba dispuesto a soltar dinero, ser generoso y dejarla hacer su vida, no le molestaría casarse con él.

Gonzalo le dio un par de respuestas secas y le cortó la llamada.

Adara soltó una carcajada fría.

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