Adara también tenía hijos, pero los criaba con mucha libertad.
Por eso, le parecía bien que Cecilia se relajara un poco.
Ya estaba en la universidad, y no en cualquiera, sino en la mejor del país. ¿Por qué no disfrutar un poco de su juventud?
—Yo, como su tía, todavía no le he comprado ningún regalito. ¿Qué te parece si aprovechamos el día, la llevamos de compras y le compramos ropa bonita?
El tono de Adara dejaba claro que ya consideraba a Cecilia como a una sobrina más.
La iba a tratar igual que a las sobrinas de su propia familia.
A pesar de que su vínculo familiar era bastante lejano.
Lourdes intuyó que, en el fondo, Adara quería asegurar una buena relación con la chica.
Después de todo, Cecilia no solo era la nieta de los Ortega, sino que también estaba comprometida con Agustín Sandoval.
Adara podía tener cara de no romper un plato, pero en realidad era una mujer sumamente astuta.
Si no lo fuera, jamás habría aprovechado la influencia de los Ortega y los contactos de su propia familia para levantar un imperio comercial desde cero.
—Déjame llamarla para ver si está libre.
Lourdes marcó su número justo cuando Cecilia venía saliendo del hospital.
—Claro, tía. Las veo en un rato.
Cecilia no se negó porque la verdad es que esta tía le resultaba un personaje bastante interesante.
Las dos mujeres escogieron un elegante restaurante para la merienda. Cecilia llegó poco después.
—Tía Lourdes, tía Adara.
Cecilia entró y las ubicó en una mesa junto a la ventana.
Ambas la recibieron con entusiasmo y de inmediato le ordenaron un banquete de postres.
—Pide lo que se te antoje, Ceci.
Lourdes tenía dinero de sobra, pero Adara también era conocida por ser muy generosa.
Cecilia se deleitó con un tazón de helado de chocolate y probó dos pasteles finos.
—¿Qué tal está? —preguntó Adara, quien solía frecuentar ese lugar con sus amigas.
Conocía personalmente al chef repostero. Los postres de ese lugar no eran empalagosos y cuidaban un poco más las calorías.
En los últimos años, Adara había descuidado un poco su figura; estaba un poco más robusta, aunque su rostro seguía luciendo impecablemente cuidado.

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