Agustín no era de los que forzaban a los demás:
—Está bien, llámame cuando tengas tiempo.
Los dos grupos se separaron.
Viviana seguía suspirando mientras veía la espalda de Agustín.
—¡Ceci, no puedo creer que conozcas a semejante cuero!
Cecilia soltó una risa:
—Para ser exactos, no lo conozco yo, lo conoce mi abuela.
Viviana se agarró las mejillas:
—¿Por qué mi abuela no conoce hombres así de guapos? Si lo conociera, mínimo me lo presentaba desde antes.
Jajaja... Cecilia no pudo evitar reírse.
—Los matrimonios arreglados no garantizan que el novio sea guapo. ¿Qué tal si te tocaba uno feo?
Al instante, Viviana pensó en Eugenio: ¡feo, moreno y chaparro! Se estremeció de solo imaginarlo.
—Olvídalo, olvídalo, mejor no.
***
Agustín y Adelina llegaron al restaurante. No cenarían solos, sino con viejos amigos. Además, no habían llegado juntos; se habían encontrado por casualidad en la entrada.
Si fuera una cena solo de dos, probablemente Adelina no habría logrado que Agustín aceptara.
—Agustín, ¿en qué competencia está esa niña?
—¿Estudia artes? Es bastante bonita.
Adelina pensaba que, siendo Don Sandoval quien conocía a la familia de la chica, Agustín solo era amable con ella por respeto al abuelo.
—Olimpiada de Matemáticas. —Agustín no sabía por qué Adelina pensaría que estudiaba artes. En todo caso, estudiaría medicina.
—¿Matemáticas? —Adelina se sorprendió—. Vaya, así que es una cerebrito.
—Ajá.
Agustín no parecía querer hablar más del tema, así que Adelina cambió la conversación.
Entraron uno tras otro al privado, donde ya había siete u ocho hombres y mujeres.
Belén se había despertado aún más temprano y comentó que había visto al Profe Ortega abajo.
Cecilia se lavó la cara rápidamente y se cambió de ropa.
Se puso un conjunto nuevo: una blusa de satén en tonos beige y blanco con un bordado de flores rojas invernales como detalle, y una falda roja con ramas de ciruelo bordadas.
Cecilia llevaba también un dije de piedra preciosa y una capa con cuello de piel sobre los hombros.
Cuando apareció vestida así, ¡dejó a las chicas del dormitorio con la boca abierta!
—¡Guau! ¡Qué guapa te ves, Ceci!
—Es precioso. De verdad que te tenías esto bien guardado; pareces de la alta sociedad clásica.
—¡Me vas a matar de amor! ¡Quiero caer rendida a tus pies, Ceci!
Cecilia sonrió levemente:
—¿Entonces ya bajo?
Viviana no pudo contenerse:
—¿Segura que no vas a una cita?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana