—¡Mañana mismo iré a buscar a Esteban!
Si Esteban pensaba hacerse el loco, ¡estaba muy equivocado!
Agustín miró a su abuelo:
—No te emociones antes de tiempo.
Ezequiel lo miró con decepción, como si ya se supiera el cuento:
—¿Cómo no voy a emocionarme? ¡De esto depende que consigas esposa!
—Agustín, no creas que solo porque eres guapo las mujeres van a caer rendidas a tus pies de verdad.
—Esas que se te lanzan, ¿cuántas te quieren en serio?
—Lo que les gusta es el dinero de nuestra familia y tu cara bonita.
—La familia Ortega tiene dinero, y la familia Ortiz también. Ceci no se fijaría en ti por interés.
—Y con ese carácter que tienes, quién sabe a cuántas muchachas has espantado, pero veo que Ceci es valiente.
—¡Ustedes dos son tal para cual!
Agustín bajó la comisura de los labios:
—Cecilia no se fijará en mí por dinero, y quizás tampoco por mi cara.
—¿Cabe la posibilidad de que, simplemente, no se fije en mí?
Ezequiel le rodó los ojos a su nieto:
—Tú tranquilo. No le interesará tu dinero, pero seguro le gusta tu cara.
—Para otras, tu cara es solo un accesorio de tu dinero.
—Pero para ella, tu dinero es solo un accesorio de tu cara.
Agustín alzó una ceja:
—¿Y de dónde sacas esa conclusión?
No pudo evitar recordar cuando la chica lo jaló en la entrada de la escuela para presumirlo.
Parecía que, efectivamente, le tenía cierto aprecio a su rostro.
Ezequiel respondió sin dudar:
—En sus tiempos, a Lorena la pretendían muchos, pero eligió marido fijándose en la cara.


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