—Señor Ortiz, por el momento no tengo planes de inversión en Villa Solana. Si surge alguna oportunidad de colaboración en el futuro, nos pondremos en contacto.
Agustín le cortó las alas a Arturo de una.
Arturo se sintió decepcionado, pero no podía demostrarlo: —Está bien, espero que en el futuro haya oportunidad de colaborar con Grupo Novaterra.
Una vez que la familia de Arturo y el doctor Vera se marcharon, Agustín dijo: —¿Qué se le antoja comer a la señora Lorena? Usted indíquenos el camino.
La señora Lorena asintió con gusto: —Recuerdo que en el este de la ciudad, en la calle Bella, había un restaurante que llevaba muchos años abierto. Mi papá me llevó a comer ahí varias veces.
»Su consomé de borrego, con un sabor fresco y exquisito. ¡Un plato de esos y sentías calor en todo el cuerpo!
Agustín no era muy exigente con la comida, pero le complacía hacer el favor de cumplir el deseo de Lorena.
Así que se dirigieron directamente a la calle Bella, en el este de la ciudad.
—¿Por qué no pasamos primero por tu abuelo? —preguntó Lorena en el camino.
Agustín explicó: —La salud del abuelo no le permite venir.
La señora Lorena frunció el ceño; aquello sonaba demasiado grave.
Cecilia, por su parte, observaba el entorno.
Esa zona de la ciudad pertenecía al Centro Histórico, un lugar al que no venía a menudo.
Las calles estaban empedradas, flanqueadas por edificios antiguos de la época colonial que habían resistido el paso del tiempo, coloridos pero con una elegancia sobria y pesada.
Esa zona había sido el lugar de residencia de las familias de abolengo y los ricos hacendados.
Lorena no había pisado ese lugar en años y notó que la calle Bella también mostraba los estragos del tiempo.
Sin embargo, confiando en su memoria, atravesó los callejones serpenteantes y llevó a todos hasta «La Belle Cuisine».
La Belle Cuisine no había cambiado nada respecto a los recuerdos de Lorena.
Era una casona típica, escondida en lo más profundo de la calle Bella.
Al empujar la pesada puerta de madera, se revelaba el emblemático patio central, con el sonido del agua de la fuente corriendo suavemente.
Al ver llegar clientes, un hombre de mediana edad los recibió con una sonrisa.
—¿Tienen reservación?

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