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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 393

Ivana sentía que le debía tanto a su hija que ya tenía todo planeado.

Sin embargo, el corazón de Delfina se hundió.

Siendo dos hijos, ¿no debería ser parejo? ¿El cincuenta por ciento para cada uno?

—Entonces, ¿cuántas acciones tiene mi hermano ahora? Y a mi futura cuñada, ¿mis papás también le darán acciones?

Ivana nunca se había planteado esa pregunta.

—Eso depende de con quién se case tu hermano.

Si Héctor se casaba con una chica de su mismo nivel social, siguiendo los deseos de sus padres, la familia de la novia probablemente también aportaría acciones, así que la familia Ortiz estaría dispuesta a dar su parte.

Pero si Héctor se encaprichaba con una chica cualquiera, que ni soñara con tocar las acciones de la familia Ortiz. ¿Quién sabría si la chica se casaba con él solo por interés?

—Delfi, tú también tienes que ayudar a mamá a estar atenta. No dejes que cualquiera se le acerque a tu hermano.

—Como esa tal Abril. ¿Sabes por qué se te acercó?

Delfina se quedó helada.

Claro que lo sabía. Abril siempre quiso conocer a su hermano. Pero bajo la mirada inquisitiva de Ivana, negó lentamente con la cabeza:

—¿No quería ser mi amiga?

Ivana soltó un resoplido frío:

—¿Amiga? ¡Lo que quería era ser tu cuñada!

—Pero no te preocupes, una chica así jamás entrará en la familia Ortiz.

—No te dejes engañar por esas mujeres interesadas.

—Pero… —intentó decir Delfina.

—No hay peros. Eres joven y creciste en el campo, eres demasiado inocente.

—No conoces la maldad de la gente.

—Mamá te está enseñando a distinguir lo bueno de lo malo.

—Delfi, vámonos al súper. Mamá te va a comprar cosas ricas.

Delfina aceptó encantada. Se cambió de ropa y salió con su madre.

Al salir de la escuela le chocaba seguir usando el uniforme, y más sabiendo que al día siguiente era libre.

Sin embargo, apenas salieron del edificio, se toparon con Cecilia y con Sandra, que seguía ahí pegada.

Cecilia no esperaba que el departamento que le regaló la familia Márquez estuviera en el edificio contiguo al de Héctor.

Era demasiada coincidencia encontrárselos nada más salir.

—Señora Ortiz —saludó Cecilia primero.

Cada vez que Ivana escuchaba ese «señora», sentía una punzada en el hígado. Para ella, era una muestra de rebeldía.

—Ceci, ¿tú también vives por aquí?

—No es por molestar, pero deberías ahorrar esos veinte millones. Tienes que pagar la universidad y no va a ser barata. Solo te queda medio año de prepa, rentar un departamento aquí es un desperdicio.

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