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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 392

La sonrisa de Ivana se congeló por un instante.

—¿Qué pasa? ¿No te gusta el departamento de tu hermano?

—No es eso, el departamento está muy bien.

Delfina se mordió el labio, fingiendo inocencia.

—Pero es de mi hermano. Si en el futuro él se casa, ¿no crees que a su esposa le moleste que yo viva aquí?

—Desde niña siempre soñé con tener mi propia casita, decorarla bonita, que fuera luminosa y limpia…

La descripción llena de anhelo de Delfina hizo que Ivana se sintiera aún más culpable. ¡Si no hubiera sido por aquel error, su preciosa hija no habría sufrido carencias!

—Si tu hermano se atreve a casarse y a dejarte de lado, ¡no lo dejamos entrar a la casa!

—Puedes estar tranquila, mi amor. Mientras mamá esté aquí, nadie te va a hacer el feo.

—En cuanto a la casa, mamá ya había pensado en comprarte una cerca de la universidad cuando entres.

Ivana, por supuesto, tenía planes para su hija menor. La situación de Delfina era especial y, si no preparaba el terreno desde antes, le preocupaba el futuro.

—Tu papá tiene algunos problemas de liquidez en la empresa ahorita, si no fuera por eso, mamá te compraría una mansión ahora mismo para que la tengas como parte de tu patrimonio.

Delfina no esperaba que su madre pensara en comprarle una mansión. ¡Eso sonaba increíble!

—Mamá, escuché que mi hermano empezó a hacer prácticas en la empresa desde que entró a la universidad. ¿Yo también puedo ir?

—Es que no sé nada y me preocupa no quedar en una buena universidad.

—Si no consigo un buen trabajo, ¿crees que la familia Gallegos me desprecie?

La preocupación de Delfina tenía lógica.

El rostro de Ivana cambió ligeramente; sabía que las calificaciones de Delfina no eran las mejores.

A menos que, algún día, la familia Ortiz cayera en desgracia. En ese caso, si Delfina no se divorciaba, su vida en la familia Gallegos podría volverse un infierno.

—¿Solo el cinco por ciento? —pensó Delfina. Tanto ella como su hermano eran hijos de la familia Ortiz.

Pero su hermano tenía el derecho a heredar y manejar la empresa, mientras que a ella sus papás solo querían darle un cinco por ciento como dote.

Le parecía muy poco.

—No menosprecies ese cinco por ciento —Ivana no captó la insatisfacción de su hija y le explicó—: Si a la empresa le va bien, los dividendos de un año son suficientes para que gastes lo que quieras.

—Además, si logramos ganar el proyecto de la zona oeste, el valor de las acciones subirá.

—Tranquila, mamá no solo te preparará acciones. Tu dote incluirá la mansión y todas las joyas de mi colección privada.

—Todo eso será para ti, nada para tu hermano.

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