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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 426

—¡Ceci! —exclamó Alba, gratamente sorprendida al ver a Cecilia.

—Alba. —Cecilia la saludó con un tono que imponía respeto, casi como si fuera la jefa del lugar.

Alba se acercó rápidamente:

—¿Qué te pasó? ¿Estás herida? ¿Y Agus?

La preocupación en el rostro de Alba era genuina. Para ella, Cecilia era la salvadora de Fabián Carrasco. Además, como ella y Fabián formalizaron su relación en el hospital, consideraba a Cecilia como su cupido. Era natural que la tratara con tanto cariño.

—Es solo un rasguño —restó importancia Cecilia— Vine a Viento Claro para el examen, y al terminar quise relajarme un poco yendo al set de grabación a ver cómo filmaban, pero quién iba a decir...

Cecilia explicó lo sucedido brevemente.

Alba, siendo periodista, tenía antenas en todos lados. Al instante conectó los puntos con el accidente del famoso actor Lorenzo.

—¿Fuiste a visitar a Lorenzo al set?

—Así es —admitió Cecilia sin ocultarlo.

Con los antecedentes familiares de Alba y su profesión, ¿qué chisme no podría averiguar?

—Entonces, acabas de salir de revisión médica, ¿seguro que estás bien? —insistió Alba.

—Soy doctora, ¿recuerdas? Sé lo que hago —rio Cecilia—. Fue mi tía Tatiana la que insistió en que me checara, estaba preocupada.

—Qué bueno que no fue nada —asintió Alba—. Vámonos, te invito a cenar.

—Puedo cenar en casa más tarde, no te preocupes —rechazó Cecilia por cortesía.

Pero Alba se enganchó de su brazo y no la soltó:

—¡De ninguna manera! Tienes que aceptar. Encontrarnos así y no invitarte a comer algo rico me dejaría con remordimiento de conciencia.

Cecilia asintió sonriendo y salió del hospital con Alba.

Alba la llevó a un lugar clásico al que iba desde niña.

—La comida de este lugar es de otro nivel; el bisabuelo del dueño cocinaba para presidentes —explicó Alba con detalle—. Los postres son una delicia, siempre pedimos para llevar después de comer. Tienes que probarlos...

El entusiasmo de Alba era casi abrumador, así que Cecilia cambió de tema:

—Alba, ¿tuviste que venir al hospital por algo en especial?

—Yo... —Alba se sonrojó un poco frente a una chica tan joven—. Tengo un retraso este mes. No me ha bajado y, cada vez que me viene, me duele muchísimo el vientre. Quería hacerme un chequeo ginecológico.

Cecilia alzó una ceja y la observó detenidamente:

—¿Te parece si te tomo el pulso?

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