Alba se alegró:
—¡Eso sería genial!
Le extendió la mano sin dudar. Desde que Cecilia salvó a Fabián, Alba confiaba ciegamente en sus habilidades.
Cecilia le tomó el pulso con calma, manteniendo una expresión indescifrable. Era una chica muy serena; no dejaba traslucir nada mientras examinaba. Alba tuvo que esperar a que terminara para preguntar:
—¿Y bien? ¿Tengo algún problema grave?
En el fondo, a Alba le preocupaba que sus irregularidades afectaran su fertilidad. Tanto la familia Carrasco como la familia Lara necesitaban herederos. Ya tenía planeado tener dos hijos: uno llevaría el apellido Carrasco y el otro Lara. Incluso lo había platicado con Fabián y él estaba de acuerdo. Si no podía tener hijos, sentiría que le fallaba a él y al abuelo Jacobo Carrasco.
—Alba, ¿cuánto tiempo de retraso tienes?
Cecilia notó la tensión de Alba, pero mantuvo la calma.
—Más de medio mes —suspiró Alba, sin sospechar nada—. Soy muy irregular, y siempre sufro de cólicos. Ya estoy acostumbrada a los retrasos, pero últimamente me he sentido rara, por eso vine.
Lástima que llegó tarde y los resultados del laboratorio no estarían hasta el día siguiente. Pero encontrarse con Cecilia ya era ganancia.
—¿Se acerca la boda con el señor Carrasco? —preguntó Cecilia de la nada.
Alba parpadeó, confundida:
—Estamos planeando el compromiso, el abuelo ya está viendo fechas. Si nos casamos este año, sería a finales.
—Me temo que tendrán que adelantar la fecha.
El comentario de Cecilia dejó a Alba pensativa. ¿A qué se refería?
—¿Por qué? —preguntó con ingenuidad.
—Porque vas a ser mamá —dijo Cecilia con una sonrisa.
Alba se quedó helada:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana