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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 494

Raúl tenía buena sazón y a Cecilia le gustaba mucho lo que cocinaba.

Le mandó dos guisados, una verdura y una sopa, justo lo que a ella le encantaba.

Al comer comida con sabor a hogar, Cecilia tuvo muy buen apetito.

En Viento Claro también comía platillos de chef, pero hacía mucho que no probaba comida casera, así que le supo a gloria.

Después de comer, dio una vuelta por la privada para bajar la comida y regresó a lavarse y dormir.

Josefina la buscó antes de dormir para platicar un rato, el tema era su ídolo Lorenzo.

—Cecilia, ¿sabías que Lorenzo ya se recuperó casi por completo? Hoy hizo un en vivo y mostró la cara, la cicatriz casi ni se nota.

—¡De verdad no quedó desfigurado, estoy tan conmovida!

—Ya sé, ya sé —Cecilia bostezó.

Aunque había dormido una siesta en la tarde, a esa hora ya le estaba dando sueño otra vez.

—Está guapísimo, de verdad que no me canso de verle la cara…

Cecilia alejó el celular por inercia y contestó sin ganas:

—¿Y por tu ídolo ya te pusiste a repasar? ¿Cómo va el estudio…?

Ante el interrogatorio mortal de Cecilia sobre los estudios, Josefina se desinfló al instante.

—La verdad, con mis calificaciones actuales, a lo mucho entro a una universidad del montón.

—Ceci, ¿será que de plano no soy lista?

—Se supone que los genes de los Ortiz no son malos, pero ni siquiera puedo ganarle a Delfina. Qué triste mi vida.

Cada vez que salía el tema del examen, Josefina se desinflaba.

Sentía que no iba a poder darle buenas cuentas a su ídolo.

Porque estaba segura de que no entraría a una universidad importante.

No era como Cecilia, para quien los exámenes eran tan fáciles como respirar.

—No te preocupes, puedes esforzarte el doble. Si te pones las pilas, vas a mejorar un montón.

Cecilia la consoló.

Al día siguiente, cuando el despertador la despertó, se lavó rápido y se fue a la escuela.

Los maestros, al ver a Cecilia, estaban todos muy contentos.

Especialmente el de matemáticas, que agarró a Cecilia para preguntarle un montón de cosas sobre la competencia.

Le pidió que, por favor, les compartiera su experiencia a sus compañeros.

Cecilia dijo que sí, que no tenía problema en tomarse una clase para hablarles del concurso.

La Profe Molina, en cambio, solo estaba preocupada por si Cecilia podría ponerse al día para el examen de admisión.

Le dijo que checara rápido el material de repaso de este tiempo y que, si tenía dudas, fuera a buscar a los maestros de cada materia.

Ella ya había hablado con todos y estaban dispuestos a darle asesorías extra a Cecilia.

Las calificaciones de Cecilia eran evidentes para todos; en realidad no necesitaba que los maestros le dieran clases particulares, ella podía repasar sola.

A veces, la Profe Molina admiraba la autodisciplina de Cecilia.

El tiempo voló y llegó la cuenta regresiva de un mes para el examen de admisión.

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