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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 54

Luego miró a Josefina con intención: —Josefina, no vayas a molestar a tu hermana, ayúdala en lo que puedas.

Josefina no estaba muy contenta, pero tuvo que ceder de dientes para afuera: —Descuida, tía. Delfi y yo somos primas hermanas, claro que la voy a cuidar.

—Así me gusta. —Ivana sabía que Josefina tenía sus mañas, pero mientras guardara las apariencias, bastaba.

Si Delfi no aprendía a defenderse sola, de nada serviría que ella la ayudara tanto.

—Josefina siempre ha sido muy madura, te encargo a tu hermana.

Ivana remató con esa frase.

Josefina miró a Delfina con desdén, maquinando cómo hacerle alguna broma pesada a su nueva prima.

Por otro lado, Cecilia reclinó el asiento del copiloto y suspiró con comodidad.

—¿Por qué trajiste este carro?

Les había pedido algo discreto, ¿y esto era lo que entendían por discreto?

Un Cadillac normal cuesta unos cientos de miles, pero este era otra historia.

Entre el costo de fabricación y el traslado, la broma salía en veinte millones de pesos.

Originalmente ella no quería este auto; fue un regalo.

Se decía que solo habían fabricado tres iguales al del presidente de Barataria: dos llegaron a Mirasia y el otro se quedó allá.

—Julián dijo que esto era lo más bajo perfil que teníamos.

—Además, lo metí a revolcarse en el lodo, ¿no es suficientemente discreto?

—¡Aunque venga su propio fabricante, no lo reconocería!

Cecilia suspiró: —... luego no andes llorando cuando te toque lavarlo.

Fabio se dio una palmada en la frente. ¡Se le había olvidado ese detalle!

—Joven, primero déjanos en el Centro Comercial El Dorado y luego vas a lavar el carro.

La señora Lorena habló de repente.

El Centro Comercial El Dorado era un clásico.

—Queremos ver lo nuevo. —La señora Lorena, en su juventud, jamás usó ropa pasada de moda.

Y ahora que le compraba a su nieta, quería lo mejor.

—¿Lo nuevo?

La empleada escaneó a Lorena de arriba abajo y luego a Cecilia.

—Señora, se ve que usted es de las que cuidan el centavo, no tiene caso gastar en lo nuevo. Con que su nieta ande abrigada basta, ¿no?

—Tenemos lo nuevo, sí, pero me temo que no les va a alcanzar.

Ella creía que estaba siendo amable.

Pero el tono era de lo más desagradable.

Lorena se puso seria: —Que me alcance o no, no es asunto tuyo.

¿Así hacían negocios en esta tienda?

Lorena estaba muy inconforme.

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