—Entonces su suegra debe ser muy buena.
Victoria estaba muy impresionada; una suegra de una familia adinerada que además había sido una doctora dedicada.
De la generación joven de la familia Ortiz, probablemente solo Cecilia había heredado el legado de la anciana.
Qué lástima que justamente ella no fuera la hija biológica de la familia Ortiz.
—Mi suegra... sí, es muy capaz. —Ivana, por muy tonta que fuera, no iba a hablar mal de su suegra frente a su futura consuegra.
Ella también iba a ser suegra algún día; al menos de cara al exterior, debían mostrar unidad.
—Señora Peralta, vayan viendo qué se les antoja. Le voy a marcar a Héctor para ver por dónde viene.
Ivana les pasó el menú.
Era obvio que no quería seguir con ese tema.
Daniela y su mamá no entendían bien la situación, pero como ya les habían dicho que pidieran, madre e hija se pusieron a revisar la carta.
Ni a Victoria ni a Daniela les entusiasmaba mucho ese tipo de comida, pero como eran invitadas se adaptaron y pidieron algo sencillo.
Ivana, por su parte, llamó a su hijo.
—Héctor, ¿por dónde andas?
Héctor no sabía qué mosca le había picado a su madre para obligarlo a ir a esa cena.
Originalmente tenía tiempo para sus cosas, y ahora todo se le había retrasado.
Por dentro, Héctor se resistía, pero su madre le había dado una orden tan severa que no tuvo opción.
No es que le tuviera miedo a Ivana, es que no quería que lo estuviera molestando con llamadas incesantes.
—Ya casi llego, me estoy estacionando. —Héctor no sabía qué tramaba Ivana. Estacionó el coche y caminó directo al restaurante.
Al ver que en la mesa no solo estaba Ivana, sino también una mujer de mediana edad y una joven, a Héctor se le prendió el foco.
¿Acaso su madre quería presentarle a una chica?
Héctor quiso dar media vuelta e irse, pero Ivana, que tenía vista de águila, lo vio.
—Héctor, por aquí. —Ivana adivinó que su hijo quería huir y lo llamó a propósito.

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