—¿Qué quieres?
Cecilia no tenía ganas de hablar con Héctor.
Desde que Héctor le había confesado sus sentimientos, la actitud de Cecilia hacia él había empeorado drásticamente. Temía que si le seguía la corriente, él pensaría que aún tenía esperanza, como si no entendiera un «no» por respuesta.
—¿Dónde estás ahora? ¿En el departamento?
—Estoy fuera. ¿Pasa algo? —Cecilia no entendía qué pretendía él.
—Quiero verte —dijo Héctor mientras encendía un cigarro.
Estaba de muy mal humor. Ver a Cecilia era lo único que quería hacer en ese momento.
—Yo no quiero verte.
Cecilia lo rechazó tajantemente:
—Héctor, desde que tengo memoria siempre te he visto como si fueras un hermano mayor. Ahora que ni siquiera existe ese vínculo de hermandad entre nosotros, espero que dejes de causarme problemas.
Evidentemente, Héctor no esperaba que Cecilia fuera tan cruel.
—Lo que te dije antes no era broma. No te veo como una hermana, sino como…
—¡Basta! —lo interrumpió Cecilia sin ninguna cortesía— No me importa si me ves como hermana o no. Si no soy tu hermana, entonces no somos nada. Aléjate de mi vida. Ya déjalo aquí.
Las palabras de Cecilia fueron duras.
Héctor frunció el ceño:
—No te estoy obligando a estar conmigo. Aún eres joven, puedes pensarlo bien…
—No hace falta pensarlo. Ya tengo prometido —soltó Cecilia la bomba.
La noticia dejó a Héctor completamente aturdido.
—¿Tu prometido no era Ramiro Gallegos? Él ya rompió el compromiso contigo. Ahora Ramiro es el prometido de Delfina. ¿No me digas que sigues obsesionada con él?
Héctor sentía que no era menos que Ramiro. Le había costado mucho lograr que Ramiro y Cecilia rompieran su compromiso. ¿De dónde había salido este nuevo prometido? ¡Seguro era una excusa!
Cecilia adivinó los pensamientos de Héctor y soltó una risa fría:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana