Héctor frunció el ceño al escucharla:
—¿A dónde fueron?
Sabía que Delfina y Cecilia no se llevaban bien, y no podía obligar a Josefina a llevar a Delfina en su viaje. Ahora solo le importaba Cecilia.
—Vamos para Luminosa. Está bien bonito y no hace tanto calor, está a gusto
En realidad, también querían ir a Altosol, pero dependía de si les alcanzaba el tiempo.
—Justo tengo que ir allá por un viaje de negocios, ¿qué tal si me uno a ustedes? —propuso Héctor impulsivamente—. Aprovecharé para llevar a Delfi a pasear. Yo me encargo de ella, no tendrán que preocuparse ni sentirse incómodos. Y yo cubro todos los gastos del viaje.
Había que admitir que la última frase de Héctor era tentadora.
Pero Josefina no era tonta:
—Primo, no puedo decidirlo sola, tengo que consultarlo con los demás.
Sin esperar a que Héctor dijera más, preguntó en voz alta a los del coche:
—Oigan, mi primo Héctor dice que quiere venir con nosotros.
—No —rechazó Cecilia de inmediato sin dejar de manejar.
—Dice que está dispuesto a pagar todos nuestros gastos, pero tenemos que llevar a Delfina. Dice que él la cuidará, pero supongo que su intención es que se integre con nosotros.
A Sandra no le caía bien Delfina, así que frunció el ceño instintivamente.
—¿Quién necesita su dinero? Lo que queremos es divertirnos a gusto. ¿Cómo vamos a pasarlo bien si traemos a alguien que nos arruine el ambiente?
Al terminar de hablar, miró a Josefina de reojo. Después de todo, Delfina era su prima hermana. Si Josefina se molestaba, Sandra se sentiría apenada. Pero Josefina no mostró ninguna reacción negativa.
Quintín Montoya opinó:

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