Ivana sabía que no sería fácil que Delfina tomara una decisión de inmediato, pero confiaba en que la constancia todo lo vence.
Delfina dejó de hablar.
Sabía que lo que había hecho Perla era despreciable, pero esa mujer la había tratado bien todos estos años. ¿Acaso debía enviar a su propia madrina a la cárcel con sus propias manos?
Delfina no se sentía capaz, así que prefirió enfrentar a su madre biológica con el silencio.
Ivana estaba inconforme, pero sabía que si seguía insistiendo, solo lograría que su hija se alejara más de ella.
Así que no tuvo más remedio que tragarse el coraje.
—Está bien, no diré más. ¿Ya tienes listas tus cosas? ¿Tu hermano vendrá a recogerte o tú irás a buscarlo?
—Héctor me dijo que preparara el equipaje y lo esperara en la entrada del fraccionamiento.
—Vendrá en un momento.
Al ver que su madre ya no insistía, Delfina suspiró aliviada.
—De acuerdo, esperaré contigo.
Héctor no tardó en llegar.
Al ver a Ivana parada junto a su hermana, frunció el ceño inconscientemente.
—¿Mamá?
Héctor bajó la ventanilla para saludar.
—¿Qué hace usted aquí?
Ivana notó de inmediato que no era bienvenida.
—Vine a buscar a tu hermana. Escuché que vas a salir de viaje de negocios y que la llevarás a pasear.
La mirada de Héctor parpadeó un instante.
—Sí, Delfi se aburre sola en casa, ya que los demás salieron.
—Este viaje no será muy pesado, así que puedo llevarla.
—Además, invité a Ramiro. Si yo no tengo tiempo para acompañarla, él podrá hacerlo.
Héctor no se delató frente a Ivana.
Ivana asintió.
—Ya que lo tienen decidido, adelante.
Héctor no esperaba que fuera tan fácil.

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