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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 57

—¿Eh? ¿Rechazamos solo a El Dorado o a todos los centros comerciales de Villa Solana?

Jenny aún no entendía qué estaba pasando.

—Los demás déjalos pendientes —soltó Cecilia y colgó de inmediato.

Luego miró al gerente: —Gerente Vega, ¿verdad? Ya que no sabes distinguir el bien del mal y favoreces a los tuyos, ve preparándote para perder tu trabajo.

El Gerente Vega soltó una risa burlona, mirando a Cecilia como si fuera un payaso: —¿Qué esperan? ¡Sáquenlas de aquí!

—Con gente así, nos queman el lugar.

—¿O es que ustedes tampoco quieren trabajar aquí?

Los dos guardias, que al principio dudaban, se movieron rápido ante la amenaza de despido.

Pero antes de que pudieran ponerle un dedo encima a la señora Lorena o a Cecilia, una voz potente resonó:

—¿A quién vas a echar?

—¿Se... Señor Ortiz?

El gerente se quedó helado al ver aparecer al directivo de la nada.

Ya se sentía culpable, sabía que su sobrina probablemente la había regado, por eso quería deshacerse de esas dos rápido.

Esa señora y la jovencita vestían muy sencillo.

Aunque tienen porte, del árbol caído todos hacen leña. Él entendía cómo funcionaba el mundo.

Seguro era alguna familia rica que quebró y todavía tenía los humos de querer comprar lo último de la moda.

Su sobrina había sido grosera, sí, pero su consejo era realista.

Pero ahora que estaba el jefe aquí, ¿qué hacía?

—Felipe Vega, te pregunté a quién vas a echar.

Cecilia sintió que ese Señor Ortiz le resultaba muy familiar, como si lo hubiera visto antes.

—Señor Ortiz, estas personas están alterando el orden y afectando las ventas, por eso pedí que las retiraran.

Felipe intentaba explicarse, pero mientras más hablaba, más nervioso se ponía.

La mirada del Señor Ortiz era tan penetrante que sentía que le leía el alma.

Se giró hacia la encargada de la tienda: —Muéstrame las grabaciones de seguridad.

La encargada estaba temblando; sabía que no había manejado bien la situación.

El Gerente Vega sabía que todo estaba perdido.

Pero no había opción, si el Señor Ortiz pedía los videos, tenía que mostrarlos.

Efectivamente, tras ver el video, el rostro del Señor Ortiz estaba serio como una tumba.

—Felipe, ¿a esto le llamas clientes alterando el orden?

—¡Veo que tienes aserrín en la cabeza para correr a los clientes sin investigar!

Felipe fue regañado hasta el cansancio y solo pudo decir que fue un malentendido.

—Que la encargada reporte a esta empleada con sus superiores. Y en cuanto a ti, Gerente Vega...

El Señor Ortiz miró a Felipe y, ante su mirada aterrada, sentenció: —¡Estás despedido!

Felipe sintió que el mundo se le venía encima.

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