Como era de esperarse, Arturo se quedó mudo.
No podía decir abiertamente que no le importaba la vida o la muerte de su hija, ¿verdad?
Quería decirle algo más a Cecilia, pero en ese momento sonó su celular.
—Solo recuerda avisarme, ya veremos cómo nos organizamos cuando llegue el momento.
—Por cierto, también vamos a hacer una fiesta por la graduación de Delfina, supongo que vendrás, ¿no?
—No es seguro —respondió Cecilia—, veré si tengo tiempo.
Esa respuesta tan ambigua hizo que Arturo se enchilara del coraje.
—Bueno, será mejor que vengas. Veo que últimamente te llevas bien con Delfina, y tus tíos también te extrañan.
Cecilia guardó silencio. ¿Para qué la querrían ver sus tíos?
Ellos ya tenían a su propia hija.
Cecilia no le contestó mal, porque Arturo dijo rápidamente que tenía otra llamada y colgó.
—Tengo que contestar esto. Piensa en cómo arreglar las cosas con Ceci, no podemos seguir con esta tensión.
Arturo le pasó el celular a Ivana mientras le daba instrucciones.
Ivana soltó un «mjm» sin darle importancia.
Cecilia no la tragaba, y aunque ella quisiera arreglar las cosas, la chica no iba a querer.
Todo eso eran puras ilusiones de Arturo.
Después de contestar la llamada, la expresión de Arturo se volvió grave: —Entendido, voy para allá ahorita mismo.
Ivana, al ver que algo andaba mal, preguntó de inmediato: —Viejo, ¿qué pasó?
—Hubo problemas con el desalojo en la obra. Wilfredo ya fue para allá, me pidieron que fuera urgente.
Arturo se levantó y Ivana corrió a traerle los zapatos.
Tras calzarse, Arturo salió a toda prisa.
—Espera noticias en la casa, no te preocupes demasiado. —En ese momento, aunque Arturo no estaba seguro de qué pasaba, mantenía la calma.

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