—¿Qué pasó? ¿Mi tío ya no sabe qué hacer y te pidió ayuda?
»¡No me digas que te quieren quitar el poco dinero que tienes!
»Escuché que la esposa del director de un banco te echó el ojo.
»Quiere que seas su nuera y dicen que ya hasta habló con mi tía.
»Si es por eso, ¡ni se te ocurra decir que sí!
Cecilia levantó una ceja.
—¿El hijo de esa señora tiene algún problema?
Josefina asintió con fuerza.
—¡Claro que sí! ¡Y uno bien grave!
»Resulta que el tipo es altísimo, pero pesa más de cien kilos.
»Con lo flaquita que estás, te aplasta sin querer.
»Dicen que antes de irse al extranjero ya pesaba sus buenos noventa kilos, y regresó todavía más pesado.
»Volvió a México, pero por más dietas que hace, nomás no baja.
»Imagínate lo que sería casarte con alguien de más de cien kilos.
»Cuando mi mamá se enteró, hasta dio gracias a Dios de que no se hubieran fijado en mí.
»Si fuera yo, seguro mis tíos estarían presionando a mis papás para que me casaran con él. —Josefina se llevó una mano al pecho.
Estaba aliviada de no haber sido la elegida.
Pero cuando supo que Irene Quintana se había fijado en Cecilia, empezó a preocuparse por ella.
¿Qué tal si sus tíos la obligaban a casarse con ese hombre?
Aunque luego recapacitó y recordó que Cecilia ya no era la misma de antes en la familia Ortiz.
Nunca iba a ceder.
Por eso, en cuanto se enteró, fue corriendo a buscarla.
—¡Sí, vamos! ¿Qué se te antoja? Yo invito.
—¡Órale, qué milagro! —bromeó Cecilia.
—Pues aprovecho ahorita que todavía tengo dinero para invitarte. Si el día de mañana acabo en la ruina, me vas a tener que dar asilo.
»No sabes, mi mamá me dijo que si la empresa quiebra, mi papá se va a quedar sin chamba. Además, como al fin y al cabo somos familia de mi tío, seguro nos quedamos casi en ceros.
»Mi papá ya está contemplando vender la casa para juntar dinero y echarle la mano.
»Aunque no quiero que te avienten al matadero, sí espero que alguien haga el milagro de salvar a la familia Ortiz y nos ayude a salir de este bache.
Si no, su sueño de convertirse en una mujer de negocios exitosa se iría a la basura.
Si la empresa se hundía, ¿a quién iba a desplazar o a quién le iba a pelear el puesto?
—La verdad, si tu tío supiera retirarse a tiempo y asumir las pérdidas, la familia Ortiz podría salvarse.
»Pero si sigue aferrado al proyecto de la zona oeste como si fuera su mina de oro, lo más probable es que se vaya a pique.
»Quería que yo hipotecara la casa que la abuela me dio de herencia para sacar un préstamo.

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