—Ya, ya, córtale al drama. Me voy contigo.
Paloma sentía que su hijo mayor perdía cada día más el juicio.
—¡Ay, gracias, abuela! —Josefina cambió su rabieta por una enorme sonrisa.
«Cecilia es una genio», pensó para sí misma. Sabía perfectamente que su abuela no toleraba esa clase de bajezas, por eso le había aconsejado ir a llorarle.
Así que, cuando Josefina atravesó la puerta de la residencia principal junto a Paloma, Arturo y su esposa se quedaron de una sola pieza.
Jamás se les cruzó por la mente que Josefina iría a buscar a la anciana.
Si el tema hubiera pasado desapercibido, todo habría salido bien, pero ahora que ella lo sabía, sin duda se interpondría.
Y eso arruinaría por completo su plan maestro.
El matrimonio intercambió una mirada rápida, totalmente desarmados.
—Tío, tía —comenzó Josefina—, como esto iba a ser una pequeña reunión familiar, aproveché para traer a mi abuela, ¿hay algún problema?
Ivana esbozó una sonrisa rígida:
—Ah... no, no, para nada. Hiciste bien en traer a tu abuela.
»Se nos pasó por completo ese detalle, qué descuido el nuestro.
A lo lejos, Wilma le alzó el pulgar a su hija de manera muy disimulada.
Había que reconocerle el mérito de haber logrado movilizar a su suegra. Qué muchacha tan astuta.
Doña Paloma nunca se inclinaba por ninguna de sus dos nueras; siendo honestos, ninguna le caía especialmente bien.
Sin embargo, Wilma intuía que la anciana la toleraba un poco más que a Ivana.
Después de todo, el historial amoroso que unió a Arturo y a Ivana no fue muy limpio que digamos.
La familia de Wilma no nadaba en billetes, pero tenía un buen respaldo, por lo que su matrimonio con Thiago era bastante equilibrado.
Y, como jamás iba a darle molestias a su suegra de manera voluntaria, no había motivo para que la aborreciera.
El caso de Ivana era muy distinto. Al principio de su matrimonio, casi parecía tener un afán masoquista; se desvivía por congraciarse y quedar bien con doña Paloma a toda costa.
Solo cuando la anciana le sugirió de manera contundente que sería más sano guardar cierta distancia para que ambas estuvieran cómodas, fue que Ivana desistió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana