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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 694

De todas maneras, en cuanto puso un pie en la oficina, ordenó que publicaran un comunicado sobre Héctor: había sido operado con éxito y con buen reposo se recuperaría por completo.

Ese anuncio le dio cierta estabilidad a las acciones de la empresa. Sin embargo, los accionistas se enteraron del regreso del señor Ortiz y corrieron a las oficinas para acorralarlo.

Todos fingieron estar muy mortificados y mostraron su preocupación, pero lo que realmente exigían era que Arturo les diera una solución convincente de una buena vez.

La crisis ya no les daba tregua; con el reciente percance del hijo del señor Ortiz, verdaderamente les llovía sobre mojado. Ya no podían soportar esa situación; si decidían hundirse junto con el barco, sus fortunas se irían a la basura.

—Señor Ortiz, no lo queremos presionar para que tome una decisión apresurada, pero el proyecto de la zona oeste se ha convertido en un lastre para la empresa —le dijeron—.

—No queremos reprocharle que se haya empecinado con él desde el principio.

—Ahora solo queremos rescatar todo el capital que sea posible.

La intención de Arturo al querer salvar el proyecto de la zona oeste era garantizar un as bajo la manga a futuro para recuperar el estatus perdido. Pero no todos compartían su visión; al ver el panorama tan oscuro, era obvio que querían agarrar su dinero y salir corriendo.

Arturo estaba metido en un verdadero callejón sin salida. Con unas ojeras enormes por falta de sueño, todavía tuvo que aguantar a los accionistas hostigándolo.

Levantó una mano para pedir calma:

—Por favor, tranquilos.

—Estoy buscando una solución, en el peor de los casos encontraremos a algún inversionista que quiera comprar el proyecto de la zona oeste.

—Pero entiendan que este es el momento más difícil para la empresa, les pido que unamos fuerzas para salir adelante en vez de presionar...

Arturo intentó convencerlos usando toda su labia, de la forma más elocuente que pudo. Pero ya nadie creía en su capacidad para reflotar a la compañía.

Logró apaciguarlos un poco y, apenas se retiraron, hizo una llamada telefónica a Raúl Ortiz. Había conseguido su número por medio de un tercero.

—Señor Ortiz, le habla Arturo.

En un principio quería utilizar a Cecilia para llegar a Raúl. Pero la actitud de Cecilia era más fría que el hielo desde que descubrió que la habían intercambiado al nacer. Arturo temía que lo rechazara en su cara, así que no le quedó más remedio que buscar él mismo a Raúl.

—¿Señor Ortiz? —preguntó Raúl, algo confundido al contestar la llamada—. Qué milagro, ¿a qué debo el honor?

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