Los prejuicios sobre la edad de Cecilia se desvanecieron tras haber visto la operación completa.
Al terminar, la chica seguía rebosante de energía, mientras que Elías tuvo que salir del quirófano sosteniendo a Paloma.
Arturo e Ivana no podían ver hacia adentro, pero se abalanzaron de inmediato en cuanto los vieron salir.
—¿Salió bien la cirugía? —Esa era la única preocupación del matrimonio.
Cecilia miró a Elías y dejó que él diera las noticias:
—Fue todo un éxito.
Tanto Arturo como Ivana soltaron un tremendo suspiro de alivio.
Ninguno de los dos se fijó en el estado en que salía Paloma; todas sus miradas apuntaban al interior del quirófano, esperando a que sacaran a Héctor.
Pronto, el personal médico salió con la camilla.
El matrimonio los siguió de cerca hasta la habitación, mientras Cecilia y Paloma se dirigieron a la sala de descanso.
Los especialistas que observaron todo estaban ansiosos por platicar con ellas, pero sabiendo lo cansadas que estarían, no se atrevieron a molestarlas. Pensaban hacerlo al día siguiente, pero resultó que a la mañana siguiente Cecilia ya se había marchado a su casa a dormir.
Paloma, en cambio, decidió quedarse. A fin de cuentas, la cirugía estuvo a su cargo, por lo que podría responder de inmediato a cualquier complicación. Además, Héctor era su nieto; quería estar allí cuando despertara.
Los doctores intentaron acercarse a conversar con ella, pero los ahuyentó a todos. Estaba sin una gota de energía; aquella operación la había dejado exhausta.
Ivana hizo guardia toda la noche en el hospital. Casi al amanecer, Arturo salió directo hacia su empresa. El accidente automovilístico de su hijo ya estaba en todos los noticieros y la situación de la compañía había empeorado considerablemente. Necesitaba que alguien llevara el timón, así que no le quedó más remedio que irse.
Ivana, mostrando su apoyo, entendió a su marido y le dio el visto bueno para que fuera a estabilizar la empresa, además de pedirle que intentara dormir un rato.
—Les encargo mucho este asunto, tienen que investigarlo a fondo cuanto antes. Nuestro Grupo Ortiz está en una situación muy apretada ahorita, y ese choque ya no me suena a un simple accidente.
—¿Tiene a alguien en la mira? —El oficial ya conocía desde hace tiempo a la familia Ortiz. Hacían bien su trabajo y querían resolver el caso lo más pronto posible. Pero si había sospechas de un sabotaje, necesitaban la cooperación de los familiares.
¿Alguien en la mira?
Arturo abrió la boca, a punto de soltar un nombre, pero se tragó las palabras justo a tiempo.
«No creo que sea ella. Ella no sería capaz de algo tan sucio. Y además, ¿qué tiene que ver Héctor en nuestros problemas? Él nunca supo nada de nada».
—No sabría decirle. Se los encargo a ustedes, si confirman que fue intencional, presentaré una denuncia.
En un principio Arturo no quería hacer un escándalo por el asunto, pero ya que el choque de su hijo era del dominio público, la situación se le escapaba de las manos.

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