Cecilia estuvo a punto de soltarle a Josefina que Lorenzo iba a estar en la reunión.
Pero, pensándolo bien, se contuvo.
Mejor no. Sería una gran sorpresa para Josefina.
Estaba segura de que la muchacha ya había madurado y no armaría un circo gritando el nombre de Lorenzo a mitad de la cena.
—Mejor que no los invites. Mi tía se la pasa cuidando a mi primo en el hospital, mi tío no deja de andar en la calle en mil vueltas, y toda la carga de la empresa se la está aventando mi papá. Antes, mi mamá se quejaba de que mi papá estaba echando panza. Y mírame, en qué poco tiempo ha bajado un montón de kilos. Ahora hasta le hace caldos para que agarre fuerza.
Cecilia ya estaba al tanto del desastre que era la familia Ortiz en ese momento.
Lo sorprendente era que la familia de Thiago aún no se enteraba de que Ivana había sido arrestada.
—Yo he ido al hospital estos días, pero Ivana no está, solo veo a Delfina cuidando a Héctor. Me imagino que Arturo debe haberle pagado a un enfermero privado.
En principio, Cecilia no quería andar de chismosa, pero razonando que Josefina se iba a enterar de la situación de Ivana de todas formas, pensó que sería mejor adelantárselo.
—¡No te creo! —exclamó Josefina—. Digo, mi tía adora a Delfina porque acaba de regresar a la casa, ¿pero a poco no quiere más a mi primo?
Justo como pasaba con su mamá: la quería mucho, pero ni se comparaba con lo que sentía por su hermano menor.
—Sí quiere más a tu primo, pero, en el fondo, a la que más ama es a sí misma.
Para Cecilia, el hecho de que Ivana hubiera mandado a provocar el accidente de Perla había sido una decisión estúpida.
Si de verdad fuera tan inteligente, la hubiera obligado a abortar y se acababa el problema.
O de menos, si hubiera tenido dignidad, habría usado esa infidelidad a su favor, se habría divorciado de Arturo y tal vez habría conseguido una buena cantidad en la repartición de bienes.
Pero no, la muy lista prefirió irse al extremo buscando venganza.
¿De verdad le dolía tanto dejar a Arturo?
Claro que no. Seguramente le dolía más soltar todo el dinero y el prestigio que él le daba.
Ese Gonzalo Vera había sido su compañero de escuela y siempre estuvo perdidamente enamorado de ella.
Era evidente que, si Ivana daba el primer paso, Gonzalo dejaría a su propia esposa sin pensarlo dos veces.
Pero a Ivana eso no le servía.

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