Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 730

—Con Cecilia —respondió Josefina sin intención de ocultarlo.

Además, era muy consciente de que si había sacado tan buenas calificaciones en el examen de admisión, todo era gracias a Cecilia.

Sus papás ahora solo sentían gratitud hacia ella, todos sus prejuicios habían desaparecido.

Efectivamente, en cuanto Wilma escuchó que era Cecilia, no volvió a preguntar nada.

—Ándale pues, sigan platicando.

En cuanto vio que su mamá se alejaba, Josefina aprovechó para desahogarse:

—Híjole, ahora sí que te ven como al hijo perfecto que nunca tuvieron. Siente que nomás por juntarme contigo, hasta se me van a pegar las buenas calificaciones.

Cecilia, que había escuchado cada detalle de la conversación entre madre e hija, no pudo evitar reír.

—Antes tu mamá no me trataba tan bien.

Resultaba irónico. Cuando Cecilia seguía siendo considerada una señorita Ortiz, Wilma no la trataba con ningún tipo de deferencia.

Cumplía con las formalidades y ya, pero en el fondo, no le simpatizaba.

Pero ahora que estaba fuera de los Ortiz, a Wilma le caía cada vez mejor.

Josefina conocía muy bien la razón y bajó la voz para contársela:

—La verdad, antes mi mamá le tenía muchísima envidia a mi tía, y no solo porque mi tío era el que movía todo en la empresa, sino porque tú y mi primo siempre fueron muy talentosos. Y como a nosotros dos nos pasaban comparando todo el rato, mi mamá acababa frustrada y de malas. Luego, cuando se supo que no eras parte de la familia, mi mamá anduvo presumiendo que al menos ya le habían quitado un peso de encima.

Cecilia comenzó a entender por qué actuaba así.

Era comprensible que cualquier padre se molestara si a cada rato le decían que sus hijos eran inferiores a los demás.

Y para colmo, en ese tiempo, Josefina no dejaba de molestarla e incomodarla, comportándose como una payasa en todas partes.

Así que era muy probable que mucha gente anduviera riéndose a sus espaldas.

En el fondo, Wilma no quería aceptar que su hija no era tan lista, así que la culpa tenía que ser de Cecilia, que brillaba demasiado.

Dejando a Josefina en ridículo.

A Wilma no le importaba. Si su marido tiraba sus ahorros en un barril sin fondo, entonces ella se convertiría en la dueña absoluta de la casa.

—Mira, así es tu mamá, no te quejes. A final de cuentas, tampoco se desquitó contigo ni te obligó a ser una genio —la consoló Cecilia.

—Eso sí, a su manera, mi mamá sí me quiere un montón. La fiesta de celebración es mañana en la noche, ¿verdad? ¡Te prometo que me voy a arreglar bien bonita!

Cecilia prefirió no apagarle su entusiasmo.

De por sí, desde que estableció la fecha del festejo, ya les había mandado invitación a varios profesores y compañeros que le caían bien.

Solo le quedaba descansar para estar lista; si recargaba energías, el evento saldría espectacular.

Josefina buscó a su madre para avisarle que, a la noche siguiente, saldría para el festejo de Cecilia.

—¿A poco tu papá y yo también estamos invitados?

Wilma dudaba si ir o no.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana