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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 74

Delfina era una chica de campo. Si no fuera porque tenía el respaldo de la familia Ortiz y era la hermana biológica de Héctor, Abril ni siquiera la hubiera volteado a ver.

—Abril, pelear es malo, no te pelees por mí.

—Además, eres tan buena persona, ¿cómo podrías ser…? Yo de verdad quiero ser tu amiga.

—Eres la primera en el salón que me trata bien.

Lo que dijo Delfina era sincero.

Sin importar las intenciones de Abril, ella agradecía que quisiera sentarse a su lado.

Los demás probablemente seguían observando, reacios a ser sus amigos.

En los descansos, algunos le hablaban, pero Delfina no era tonta y notaba el desprecio en sus miradas.

Abril le dio unas palmaditas a Delfina:

—Lo sé, yo también soy sincera.

«¿Quién quiere ser tu amiga? ¡Yo lo que quiero es ser tu cuñada!»

La mayoría del salón había presenciado el drama y estaban disfrutando el chisme.

Cecilia arrastró a Sandra fuera del salón para buscar a la orientadora. Sandra seguía indignada.

—Ceci, no debiste detenerme. ¡Le hubiera metido dos trancazos para que deje de ser tan bocona!

Cecilia rio sin poder evitarlo:

—Ya, tranquila. ¿Para qué te rebajas a su nivel?

—¿No dijiste que tus papás te prohibieron pelear en la escuela y que si lo hacías otra vez te sacaban de las clases de boxeo?

—¡Es que se pasa de lista! —El pecho de Sandra subía y bajaba del coraje.

Cecilia intentó calmarla:

—No te enojes. ¿Quieres saber por qué Abril le hace tanto la barba a Delfina?

Los ojos de Sandra se iluminaron de curiosidad al instante:

—¿Por qué?

—Quiere colarse en la familia Ortiz.

Los Ortiz no estaban en el top tres de las familias más ricas de Villa Solana, pero sí entraban en el top diez.

La familia de Abril, en cambio, era de nuevos ricos de tercera categoría.

Tenían algo de dinero, pero no mucho. Obviamente, querían emparentar con alguien más poderoso.

Los Ramírez enviaron a Abril al Instituto Internacional Horizonte con ese único propósito.

—No es para tanto, Héctor solo me lleva cinco años.

«¡Cinco años ya es un ruco para nosotras!»

Sandra seguía sin poder creerlo.

—¡Qué visión a futuro tiene! —exclamó Sandra al entender el plan de Abril.

Otra chica que, siendo tan joven, ya sabía exactamente lo que quería.

¿Por qué ella se sentía tan perdida?

Entre más se acercaba el último año, menos sabía a qué universidad quería ir.

—Sí, piensa muy a futuro. Seguramente es la educación de los Ramírez.

Si no, ¿cómo se le ocurrirían esas cosas a una adolescente?

El ejemplo de los padres es fundamental.

Sandra asintió.

—¿Qué tanto murmuran ustedes dos afuera de la oficina?

La maestra Molina ya las había visto en la puerta desde hacía rato, pero como no entraban ni se iban, no aguantó y preguntó.

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