Originalmente, la familia Ortiz y la familia Gallegos planeaban convertir esta zona en un residencial de lujo, integrando un centro comercial de alto nivel y edificios de oficinas para corporativos.
Por lo mismo, jamás contemplaron acomodar a los residentes originarios en este espacio.
No era de sorprenderse que hubiera tanta inconformidad.
Tras recolectar información toda la mañana, tanto Cecilia como Agustín estaban hambrientos.
Cecilia llevó a Agustín a un puesto callejero a comer huaraches de guisado y tacos.
El rostro de Agustín mostraba un rechazo evidente y mudo.
A Cecilia le pareció gracioso: —¿De casualidad nunca en tu vida habías comido en un puesto de estos?
Lo más parecido que había probado era el improvisado local de mariscos de aquella vez.
Al parecer, la ocasión anterior también había sido Cecilia quien lo invitó a comer ahí.
Lo que Cecilia ignoraba era que, al día siguiente de comer mariscos, a Agustín le dio diarrea.
Sus síntomas no fueron severos, pero se pasó todo un día sin una gota de energía.
Ese puesto de guisados se veía incluso menos higiénico que el local de la vez pasada, así que Agustín, en el fondo, sentía bastante pavor.
—La verdad es que no —admitió Agustín, sintiéndose incapaz de decirle que no estando frente a ella.
Antes, Cecilia también había sido la señorita de una familia adinerada; se suponía que tampoco había pasado nunca por carencias.
Si ella podía comer en un puesto de la calle, ¿con qué cara iba Agustín a decir que no podía?
Además, justo ahora rondaba por su mente una idea aún sin madurar.
Si los residentes originarios de esa calle dependían de estos pequeños puestos para sobrevivir, ¿existiría la posibilidad de crear un corredor gastronómico exclusivo cuando llegara el momento?
A ellos no les agradaba la idea de dejar este lugar por la demolición, pero si se les reubicaba en la misma zona y además se les rentaban locales en ese corredor a un precio accesible, ¿lo rechazarían?
Sus fuentes de ingresos no desaparecerían; de hecho, estarían en un entorno más regularizado y podrían atraer a más clientes. ¿Por qué se opondrían?
Tras pensarlo, Agustín y Cecilia pidieron un platillo cada quien.
Un huarache de guisado y una orden de tacos.
El huarache venía bien servido, con frijoles y el guisado encima, y aparte le dieron arroz para acompañar.
Cecilia opinaba que comer así era mejor, para evitar que estuviera tan grasoso.

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