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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 771

El director pensó para sí mismo que de verdad se le habían pegado como sanguijuelas.

«Ni que fuera mi hijo. Ya está grandecito, si tiene hambre, ¿no puede ir a comprarse algo él mismo?».

—Mateo, mi asistente, llévalos a la cafetería a comer.

El director dudó un momento, pero por miedo a que causaran más problemas, le dio la orden a su asistente.

El asistente, por supuesto, obedeció, pero la familia Calvo no era tan dócil.

—¡No, yo no voy a comer a la cafetería! La comida del hospital sabe horrible. ¡Yo también quiero ir a comer a ese hotel de lujo! —gritó Matías haciendo berrinche.

Al director le empezó a doler la cabeza al instante.

Decidió que, en el futuro, sin importar con quién trabajara, primero investigaría a fondo sus antecedentes familiares.

Lidiar con familiares tan irracionales como los de Valentina resultaba ser un dolor de cabeza enorme en cuanto surgía el mínimo problema.

—¡Me van a colmar la paciencia! —El director se dio una palmada en la frente—. ¡Si no quieren comer, pues quédense con hambre! ¡Qué berrinche es ese!

Tras el grito del director, Matías bajó la voz de inmediato.

Al ver que nadie le hacía caso, el muchacho se sintió insatisfecho.

¿Por qué tenía que quedarse con hambre? ¿Qué intenciones ocultas tenía el director? ¿Acaso planeaba matarlo de hambre, siendo él el único hijo varón de la familia Calvo, para así quedarse con la herencia de su hermana? ¡Eso no lo iba a permitir!

¡Tenía que comer, y llenarse bien la panza!

Miró a su madre, y ella se apresuró a aclarar su postura:

—Comeremos. Ya no te pongas de exigente, tu hermana sigue en el hospital.

—Ya que... la den de alta, ¿no podremos comer lo que se nos antoje?

En realidad, Ágata iba a decir que, cuando se muriera y cobraran el dinero de Valentina, podrían comer donde quisieran.

El problema era que la señora Ortiz estaba jubilada y no aceptaba recontrataciones, por lo que era imposible solicitar sus servicios a través del hospital.

Además, como el nieto de sangre de la doctora acababa de tener un accidente automovilístico y no se encontraba bien, tampoco parecía oportuno acercarse a pedírselo.

Si Tatiana quería la ayuda de la señora Ortiz, la única vía era por medio de Cecilia.

Además, Elías había llenado de elogios a la mismísima Cecilia.

Aunque Tatiana sabía que su sobrina había estudiado con un médico de renombre, jamás se imaginó que fuera tan hábil.

A los ojos de su familia, Cecilia seguía siendo solo una niña.

¿Quién iba a pensar que ya era capaz de entrar al quirófano e incluso relevar a la doctora Ruiz para terminar una cirugía cuando a esta le fallaban las fuerzas?

Si no se lo hubiera contado Elías, Tatiana jamás habría relacionado a una doctora tan competente con su pequeña sobrina.

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