Al enterarse de que Matías quería ser figura pública, a Valentina también le pareció ridículo.
—No sé de dónde sacan el descaro. En cuanto se enteren de que desperté, seguro van a venir a armar un escándalo.
—Tatiana... ¿podrías hacerme el favor de conseguirme un abogado? —Tras saber que habían intentado suspenderle el tratamiento, Valentina tomó una decisión firme.
Iba a pintar su raya de manera definitiva con sus padres; aparte de lo que le exigiera la ley como manutención básica, no les daría un peso más.
Lo más urgente era que el abogado viniera a redactar su testamento.
No iba a permitir que esos padres machistas le siguieran chupando la sangre para mantener a su adorado hijito, ni pensaba seguir siendo el cajero personal de Matías.
¡Iba a hacer que todas sus esperanzas se fueran a la basura!
Donaría todo su patrimonio sin dejarles nada.
Sus caras debían ser todo un poema cuando se enteraran.
—Claro que sí. —Tatiana se imaginaba lo que su representada quería hacer, así que no intentó disuadirla.
Le parecía buena idea que preparara su testamento con tiempo.
Al menos así no les facilitaría la vida a su familia de parásitos.
Con todo el coraje, Valentina no le había prestado atención a su propia condición médica.
Ahora que el enojo comenzaba a ceder, se dio cuenta de que algo andaba mal.
—Tatiana, mi cuerpo... ¿me voy a quedar paralítica? ¿Ya no podré volver a actuar?
Hasta ese momento, Tatiana había sido bastante ambigua sobre su diagnóstico, pero Valentina lo estaba sintiendo en carne propia: no sentía la espalda en absoluto y no se podía mover.
Tatiana se quedó helada por un segundo antes de tratar de consolarla:
—No creo que sea para tanto. Acabas de despertar, con que sigas el tratamiento del doctor al pie de la letra, estarás bien.
—Tú siempre has sido muy fuerte, Valentina. Estoy segura de que vas a superar esto.
—No te asustes, además los médicos de aquí no son los únicos. Si las cosas se complican, podemos ir al extranjero.
Valentina no esperaba que las secuelas fueran tan graves.

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