¡El nombre de nacimiento de su hija estaba hecho a la medida para atraerle buena suerte a Matías!
Pero un periodista les había advertido que si seguían llamándola así, lo único que lograrían sería que la gente de internet odiara más a Matías.
Por el bien de su hijo, y para ganarse la lástima de las redes, Ágata no había tenido de otra más que empezar a usar el nombre de Valentina.
Tras escuchar a Ágata, Cecilia asintió como si acabara de entender todo.
—Ah, ya veo. ¿Y en qué le puedo ayudar? —preguntó Cecilia, observándola con toda la calma del mundo.
—Llévame a buscar a mi hija, ¿no que ya despertó?
Cecilia arqueó una ceja y, con una sonrisa amable, se disculpó:
—Lo siento mucho, pero no sé en qué cuarto está internada. ¿Por qué no mejor le echa una llamada para preguntarle?
El rostro de Ágata se descompuso de coraje. ¡Si hubiera podido comunicarse con la escuincla, los tres no estarían ahí dando vueltas como idiotas!
Había llamado un montón de veces y nadie le contestaba; incluso intentó marcarle a Tatiana, pero tampoco tuvo suerte.
Estaba segura de que ambas lo estaban haciendo a propósito.
Obviamente, Ágata estaba furiosa, pero no tenía más opciones.
Solo le había quedado ir al hospital a probar suerte.
Se suponía que haberse topado con Cecilia era un golpe de suerte, ¡pero la muy maldita no quería ayudarla!
—¿Para qué hacer tanto circo? Márcale a tu tía y asunto arreglado, ¿no? —Ágata sentía que Cecilia lo hacía para fastidiarla.
Cecilia ni siquiera intentó negarlo.
—Ay, disculpe, se me murió la batería del celular.
Lo rechazó sin pensarlo dos veces.
Sin darle tiempo a Ágata de seguir con sus exigencias, dio media vuelta y continuó su camino.
Ágata intentó alcanzarla, pero fue imposible.
No le quedó más remedio que andar preguntando por todos lados en qué habitación estaba internada Valentina.
Sin embargo, el personal del hospital ya tenía órdenes estrictas. Valentina era una actriz famosa, estaba gravemente herida y necesitaba descansar por completo; nadie podía pasar a molestarla.
Así que la indicación era ignorar a cualquiera que anduviera preguntando por ella.
Y si alguien intentaba meterse a la fuerza, los guardias de seguridad se encargarían de sacarlos.
—Se fue a arreglar unos negocios sobre la compra del proyecto de la zona oeste con Arturo.
Alargar más el tema de ese proyecto no iba a traer nada bueno, y solo haría enojar al gobierno, así que cerrarlo de una vez era lo mejor.
Además, la resistencia mental de las personas tiene un límite.
Y Agustín era todo un experto en el arte de la negociación.
Cecilia tampoco sentía la necesidad de que anduvieran pegados todo el día.
Al escuchar que Agustín estaba ocupado con cosas de trabajo, Tatiana no le dio más vueltas al asunto.
—Entonces, ¿viniste a hacerme compañía un rato?
Tatiana le alborotó el cabello a Cecilia con cariño.
—Híjole, creo que tampoco se va a poder. Tengo que ir al laboratorio. Solo vine a avisarle que ahorita me crucé con los Calvo en la entrada.
—Y de paso, quería checar si su famosa estrella de cine de verdad ya había despertado.
Cecilia se dejó acariciar el cabello dócilmente.

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